El allegado

La creatividad y producción literaria de Juan Carlos Corniero crecen exponencialmente en estas entrañables fiestas navideñas y se visualizan a través de artículos como ”El allegado”, recientemente publicado en El Diario Montañés.

“El allegado” es un escrito  que relata, con una mezcla de humor y fina ironía, el sentir de la inmensa mayoría de ciudadanos ante el triste escenario que se vislumbra a la hora de  celebrar con familiares y amigos las tradicionales fiestas de Navidad y Año Nuevo.

Desde que la Covid-19 irrumpió en nuestras vidas, a principios de este año 2020, hemos afrontado situaciones jamás experimentadas por nuestra generación, ni la de nuestros padres y abuelos. Todas las rutinas personales, sociales y profesionales se han visto gravemente alteradas por la pandemia. Lo más grave, aparte de las vidas humanas que se lleva día tras día, es la inseguridad e incertidumbre que nos invade ante un futuro incierto e impredecible.

Gracias, Juan Carlos, por “arrancarnos” una sonrisa con tus acertadas gracietas. Yo, sin embargo, voy a poner la nota seria instando a nuestros familiares y amigos -y al conjunto de conciudadanos- a respetar las recomendaciones de nuestras autoridades sanitarias, individual y colectivamente. En ello nos va nuestra vida y la de nuestros seres queridos.

¡Feliz Navidad!

EL ALLEGADO
por Juan Carlos Corniero Lera
Publicado el martes, 15 de diciembre, en El Diario Montañés

¡Menudo lío! Que me pregunta mi vecina la del pueblo, si ella y yo somos allegados, y podemos pasar la Nochebuena juntos, y yo le digo que bueno, “que el roce hace cariño, pero no es para tanto, y que además estoy casado, y que van a decir mis hijos”.

Pues ella, erre, que erre, dice que sí, que lo ha leído en el diccionario de la RAE y que allegado “es una persona cercana a otra en parentesco, amistad, trato o confianza”, y que ella, por lo tanto, es allegada mía.

Y en esas estamos, como tantos españoles, discerniendo quiénes son nuestros allegados y quiénes no, especialmente los que tienen amantes, porque en tan entrañables fiestas es cuando más pesados y pesadas se ponen con aquello de “ya llevamos cinco años, y aún no has pedido el divorcio”, o “me presento en tu casa y cenamos todos juntitos a ver si tu cónyuge se entera” o “¿y si lo pasamos juntos en un hotel, y dices que estás en cuarentena?

Un follón, y de tal calibre, que ya no se sabe si tus hijos son tus hijos, o son unos allegados dispuestos a vaciarte la nevera, desplazarte del sofá a la silla, o decirte que viene mi novia y vete a dar una vuelta, hasta que yo te diga.

Y luego están los amigotes de siempre, que te dan el peñazo con lo de “¿por qué no vemos lo de Rafael juntos?”, o “déjate de rollos y vamos a tu casa después del mensaje del Rey”, e incluso el pobre del supermercado que exhibe un cartel que dice: “Me ofrezco como allegado, pase estas fiestas en buena compañía”.

¡De locos! Y  mi vecina, venga a llamarme por teléfono, y a mandarme “whatsapp” diciéndome muy alterada: “¡que soy tu tía!”

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