Día de la Madre 2020

Si hoy viviera mi madre, Marina Bárcena Tazón (1-1-1925 // 20-6-2006), tendría 95 años. Falleció hace catorce y yo conservo intacto en mi memoria los momentos más maravillosos que hijo alguno pueda haber vivido en un entorno en el que, como en mi caso, mi madre fue el alma mater de una familia numerosa, seis hijos, que nacimos consecutivamente en un período de 13 años –José Luis, 1949; Maite, 1962- en una época de la historia de España en la que la familia era el motor de una sociedad en construcción, después del drama nacional causado por la guerra civil.

Los primeros recuerdos que conservo – tendría 2, 3 años de edad- giran en torno a mi vida junto a las faldas de mi madre. Mi hermano mayor, José Luis, tiraba más “al monte”. Le gustaban las vacas y mi padre estaba feliz porque le acompañaba a todos los sitios desde su más tierna infancia. Yo ayudaba en el negocio familiar –la tienda de ultramarinos y bebidas del pueblo-, así se llamaba entonces, y junto a mi hermana Isabel, formábamos un gran equipo. Es decir, mi padre, Rosendo, y mi hermano José Luis, atendían a las vacas; Isabel y yo éramos el soporte de mi madre.

En 1957 nacieron Sinfo y Carlos, “los mellizos”, por este apelativo han sido conocidos siempre –todavía hoy muchos familiares y amigos llama a cada uno “mellizo”, para evitar confundirse, ¡incluido mi padre lo hacía así, hasta el último momento de su existencia!

La vida familiar, cambió… ¡y no os cuento en qué medida! cuando vino “por sorpresa” Maite en 1962. Con Maite se completó definitivamente la familia. Seis hijos. Padre, ganadero, dos vacas y caballo; madre, emprendedora y luchadora donde las haya, llevaba el “otro negocio” familiar, la tienda de ultramarinos y bebidas del pueblo, Mompía; atendía la casa;… y hasta tenía tiempo para echar una partida al Tute al final de la jornada con su compañero de juego, Manuel Sancibrián, en contra de mi padre y de Milio San Miguel. Por cierto, les ganaba casi siempre. Yo diría que en proporción 4 de cada 5 partidas. Se jugaban una consumición al “pierde paga”. Entonces estaba de moda la Pepsi cola.

Quiero dedicar unas líneas a Sinfo y a Carlos. Ellos salieron a la beta de los Muniz, ganaderos. Recuerdo que apenas andaban se iban con mi padre y mi hermano José Luis a la finca a “arreglar” las vacas. Tenían 4-5 años y Dª María Torner, la maestra del pueblo en aquellas fechas, ¡cuántas veces iba a recogerles a la finca para que fueran a la Escuela!

José Luis, no tanto, pero los mellizos se escapaban a cuidar las vacas con mi padre, siempre que podían. Son famosas las broncas de Dª María a mis padres por ese motivo. Lo cierto es que la maestra, una mujer de gran personalidad, contrastaba su malestar con mis padres por ese asunto con la alegría que sentía recordando cuando yo, a su edad, la iba a buscar al apeadero del tren en la estación de Mortera y me cogía de la mano, en dirección a la escuela, mientras me preguntaba la tabla de multiplicar entre otras cosas.

De aquellos primeros años de mi infancia tengo un recuerdo especialmente emotivo. Me refiero a los viajes que hacía a Santander con mi madre, en un carro de la época, tirado por un caballo blanco –le llamábamos “Palomo”-. Íbamos de compras a los almacenes de coloniales “Fermín Madrazo Udías” y a las bodegas “López Alonso” en las que comprábamos pellejos de vino para vender a granel en el bar de la tienda de ultramarinos y bebidas. Eran días especialmente apasionantes. Salíamos pronto por la mañana desde Mompía camino de Santander, pasando por Maoño, Bezana, Ojaiz, Peñacastillo, hasta entrar por Cuatro Caminos dirección a la Plaza de la Esperanza y, posteriormente, a Hernán Cortés. El regreso, en sentido inverso, siempre era más lento y cansino. ¡Pobre “Palomo”!

Mi época en la escuela unitaria de mi pueblo fue maravilloso. Me gustaba ir a clase y tuve la suerte de tener la mejor maestra que nadie puede imaginar, Dª María Torner. En el curso 1962-1963 comencé mi bachillerato de la época en el Colegio San José de los PP Escolapios de Santander, por iniciativa e insistencia de Dª María. Ello fue posible, también, gracias al ofrecimiento de mis tíos Sinforiano y Margarita para que yo pudiera vivir en su casa durante ese período de tiempo. En el año académico 1968-1969, una vez finalizado mi bachillerato, inicié los estudios en la Escuela Normal de Magisterio de Santander, hoy Facultad de Educación.

En ese mismo curso escolar 1962-1963, mi hermana Isabel ingresó interna en el Colegio la Milagrosa de Polanco. Finalmente, le tocó el turno a la hermana que vino “por sorpresa”, sin querer, Maite, que por eso de donde entran cinco caben seis inició sus estudios de primaria en el Colegio Santa Mª Micaela “Adoratrices” de Santander gracias a que Margarita y Sinforiano acordaron con sus respectivos hermanos, Marina y Rosendo, traerla a su casa. Mis tres hermanos varones, José Luis y los “mellizos” se quedaron en Mompía, con Papi y Mami. José Luis, con 14 años, se fue de aprendiz mecánico a Talleres Ignacio Palacios; los “mellizos”, Sinforiano y Juan Carlos, escoltaron a mi padre en sus tareas de ganadero. Años más tarde, se convirtieron en un referente del sector en Cantabria.

Pero yo inicié este post pensando en hacer un homenaje a mi madre hoy, Día de la Madre. La idea surgió porque hace unos días mi sobrina Elizabeth encontró en un viejo álbum de fotos un folio manuscrito de mi madre, por ambas caras, fechado en setiembre de 1990. En el anverso, figura una carta a mi hijo Kelly y en el reverso otra a mi hija Tracy, a la sazón ambos internos en un colegio de Dublín, St. Columba´s College. Se lo dijo a Tracy, en primer lugar, e inmediatamente mi hija me envió una copia del manuscrito que debo reconocer me emocionó.

En este testimonio a la figura de mi madre, una madre todo coraje, una verdadera matriarca de la familia que, especialmente con todos sus nietos, disfrutó como nadie pueda imaginarse, he querido recordarla con estas palabras y adjuntando el manuscrito antes referido en el que puede apreciarse la cercanía y cariño que siempre profesó a  Kelly y Tracy.

Querida Tracy.
Como veo, tú estás muy contenta. Pues yo, de eso, me alegro. Porque para estar triste ya está tu hermano que ¡a ver si le animas para que se le haga más agradable, no vaya a ser que enferme!
Necesita que lo mime, así que a ti te lo encomiendo.
Comer todo lo que os den para no quedaros más delgados.
Dices que hace frío, pues aquí también ha cambiado el tiempo.
En octubre dices que venís de vacaciones. Nos pondremos muy contentos cuando lleguéis.
Dice buelito que si hay una plaza de limpiabotas se va para allá y luego viene con vosotros.
Bueno. Me despido con muchos besos de todos.

Querido Kelly.
Según nos dices en tu carta te lo estás pasando muy mal y no comes nada de lo que te dan. Pues a ver si haces un esfuerzo para reponerte que si no comes vas a entrar en una anemia y luego va a ser peor. Un año se pasa de cualquier forma.
Tu padre lo hace para bien tuyo, no creas que a él no le ha costado separarse de vosotros. Así que, cuando hables con él o le escribas, no le des preocupaciones. Dile que estás bien y contento.
Dices que vienes a últimos de octubre. Un mes se pasa enseguida. Así que a ver si me haces caso que será bien para todos.
Bueno. Me despido con muchos besos de todos.

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