Pues, sí. He sido y soy feliz… ¡a mi manera!

Toda mi vida he sido un amante de la música, tal vez por la influencia de Don Agustín Latierro, mi profesor de dibujo en el Colegio San José de los Padres Escolapios y director del coro del centro y del Orfeón Cántabro de los que formé parte durante mi época de estudiante de bachillerato.

La música amansa las fieras, decía Don Agustín. Yo comparto esa afirmación del recordado músico con quien disfruté de lo lindo interpretando el himno del Colegio “Las campanas repican vibrantes”; obras clásicas, como el “Aleluya” de Haendel; habaneras, como “La bella Lola”; canciones populares, como “Maite”; … Me ha gustado cantar canciones regionales cántabras, como la habanera “Santander la Marinera” popularizada por el cantante y recitador de trovas, jotas y romances Chema Puente, compañero de aula en los PP Escolapios; “Viento del Norte”, de los hermanos Agüero; “La Fuente de Cacho”, del fundador de los Coros Montañeses, Emilio Carral; …

La música de los años 60´y 70´me deslumbró y me sedujo especialmente. Tal es así que utilizaba canciones en lengua inglesa de solistas y grupos que adquirieron fama y prestigio internacional en mis clases de inglés, en la Escuela Aneja, durante la época en que trabajé como docente en ese centro público. También, en Decroly. Recuerdo que cantábamos todos juntos en inglés e incluso… ¡algunas veces bailábamos! Es el caso de “The Sound of Silence”, de Paul Simon y Art Garfunkel, 1966; “Congratulations” de Cliff Richard, 1968; innumerables canciones de The Beatles, como “A Hard Day’s Night” y “Eight Days a Week”, 1964; “Yesterday”, 1965; “Eleanor Rigby y “Yellow Submarine”, 1966; “Lady Madonna”, de 1968; “Let It Be”, 1970; … ¡Nunca aprendieron tanto inglés mis alumnos, ni disfrutaron tanto aprendiendo de esa manera divertida! Y yo… ¡aprendí más que enseñe y fui feliz profesionalmente hablando por que tuve autonomía para hacer las cosas a mi manera!

Podría nombrar cientos y cientos de canciones, algunas de las cuales dejaron en mí una huella imborrable; otras, me inspiraron una metodología innovadora e inclusiva con la que se sentían a gusto TODOS mis alumnos en las clases de inglés; unas pocas, una particularmente, My Way –A mi manea-, popularizada por Frank Sinatra a partir de su primera interpretación en 1967, me cautivó cuando la escuché desde el minuto uno. Y lo sigue haciendo hoy en día. La profundidad del mensaje que trasmite su letra me causa una emoción muy especial, indescriptible, que se repite cada vez que la escucho. Y ¿sabes por qué me ocurre eso? La respuesta es muy sencilla. Tardé algún tiempo en comprenderlo, pero ahora estoy seguro: en cada verso, en cada estrofa me siento felizmente reflejado.

Aparentemente, el texto de sus versos transmite un perfil de una persona melancólica y abatida, pero realmente no es así. En realidad, muestra un ser humano feliz. La letra de “My Way” cuenta la historia de un hombre que, viendo acercarse su muerte, reflexiona sobre la historia de su vida hablando con un amigo imaginario que se encuentra sentado a su lado. Su personalidad se describe en la canción. Se trata de un personaje de carácter fuerte, confiado en sí mismo, perseverante e intrépido; es un hombre que no depende de otros para progresar en la vida; se siente feliz al recordar cómo vivió, el curso que tomó su vida y los frutos que cosechó; reconoce, eso sí, que también ha tenido arrepentimientos, unos pocos, que ha sufrido con tristeza muchos contratiempos y ha derramado algunas lágrimas ocasionalmente. Sin embargo, muestra su optimismo y admiración por los logros cosechados.

A mi manera, My way, subtitulado.

¿Quién no tiene una canción en su vida? Yo, desde luego, sí la tengo: My Way. Su mensaje es una fuente inacabable de inspiración que me emociona y recuerda mi propia esencia como persona.

Buceando por internet encontré en un blog, del que ahora no recuerdo su autor, una reflexión sobre My Way muy acertada y que replico a continuación. Decía así: “La letra es un prodigio de cómo se puede sintetizar en cuatro minutos toda una filosofía de vida. Según se va acercando su final el cantante echa un vistazo atrás y ve lo que ha sido y hecho. Ha cometido errores, no tantos como para mencionarlos, pero no se arrepiente porque hizo lo que consideraba que era su deber. Arriesgó más de lo que podía, pero apretó los dientes y no paró hasta que consiguió vencer. Y, aunque a veces las lágrimas no le dejan ver, ahora sabe la verdad, que una persona no mide su éxito por lo que tiene si no por no dejar por el camino su integridad; que no cuentan las veces que ha caído de rodillas, sino porque nunca ha dejado de levantarse; que su valía la demuestran las cicatrices de los golpes encajados y que sin embargo estos no le han hecho cambiar de vivir a su manera”.

En la soledad del hotel en que me hospedo en la ciudad de Lake Wales, Florida, a donde he venido con Marharyta, mi esposa, para acompañar a nuestro hijo Nikita en el comienzo de su “aventura americana” en la Universidad Internacional Webber, realicé los apuntes que me ayudaron a escribir esta entrada que hoy publico. Precisamente, al pensar en el nuevo recorrido que ahora inicia Nikita, me siento motivado para repasar mi trayectoria vital, apoyado en esta maravillosa canción que refleja la forma de vivir de una persona fiel a sus propias convicciones, a su manera, como es mi caso.

Es curioso. Echo la vista atrás y, al igual que en My Way, en unos pocos minutos, puedo repasar mentalmente toda mi vida, como si de contar los elementos de una mochila cargada de recuerdos, retos y desafíos se tratara.

Desde mi más tierna infancia, con el referente de mis padres, principalmente, fui trazando un camino repleto de emociones positivas, alegrías y logros que adquirió un mayor valor y protagonismo a medida que iba superando una y otra vez los obstáculos que día a día me fui encontrando. No me arrepiento de nada. He sido muy feliz, he roto estereotipos y esquemas convencionales por que siempre me he desenvuelto en el filo de la navaja, en lo personal y en mi larga trayectoria profesional.

En ambas facetas he ocupado un espacio que me ha proporcionado más alegrías que sinsabores. Sí, con trabajo y determinación, esfuerzo y perseverancia, vocación y firmeza, conciliando mi vida personal y profesional … Eso sí, también he pagado un alto precio, en no pocas ocasiones. El fiel de la balanza se inclina hacia la parte profesional y ello me lo ha recordado con cierto despecho mi entorno familiar recientemente lamentando el tiempo limitado que les he dedicado.

Ese es mi déficit. Esa es mi pena. Ojalá mis hijos encuentren un mayor equilibrio entre su vida familiar, social y laboral. Ojalá los suyos, mis nietos y nietas, no tengan que hacerles el mismo reproche que, en algunas ocasiones, ellos me han hecho a mí. Ojalá se cumpla en vosotros –Kelly, Tracy, Nikita- esta reflexión del insigne dramaturgo y novelista irlandés Oscar Wilde: “Los niños comienzan por amar a sus padres. Cuando ya han crecido, los juzgan y, algunas veces, hasta los perdonan”.

¡Que lo sepa todo el mundo! ¡Mi entorno familiar, también! Mi vida está repleta de luces y de alguna que otra sombra. Pero no me arrepiento del conjunto porque viví apasionadamente, sin imposición, limitación o cortapisa alguna. Y lo más importante: Lo hice… ¡a mi manera!

 

 

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