Las vueltas que da la vida

La evolución y el progreso de la humanidad han estado siempre condicionados por los avances del conocimiento así como por su difusión y generalización entre los seres humanos de los cinco continentes; en esa misión ha tenido un papel determinante la educación, la formación, la investigación y el desarrollo tecnológico

Si nos centramos en la realidad social existente en la época de mi nacimiento (1951), por ejemplo, y realizamos un recorrido virtual por el estado de situación en la1 javier muñiz (4) segunda mitad del siglo XX, y de su transición hasta la realidad de estos primeros dieciséis años del siglo XXI, fácilmente concluiremos que aquella sociedad en poco o en nada se parecía a la actual. En ese cambio radical experimentado cobra un protagonismo esencial el acceso a la información y a sus distintos mecanismos de transmisión y de aplicación a las variopintas facetas personales y sociales de la ciudadanía. Una reflexión sobre la evolución de esa ruta queda reflejada, sin temor a equivocarme, en el mensaje de la expresión popular “¡las vueltas que da la vida!”.

La metamorfosis vivida por las personas de mi generación, y por la de mis hijos y nietos, no tiene parangón en épocas históricas precedentes. Si ponemos el foco en la educación, por ejemplo, la escuela unitaria a la que yo asistí en mi pueblo, liderada por una maestra, en este caso, Dª María Torner, a la que asistía un grupo heterogéneo de niños y jóvenes de edades comprendidas entre los seis y dieciséis años, nos sitúa en un escenario muy primitivo, de precariedad absoluta. ¡Era lo que había!

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El saber se encontraba en la cabeza de Dª María y en la Enciclopedia Álvarez, compuesta por una serie de libros, muy popular en los años 50´y 60´del pasado siglo (se calcula que fue usada por 8 millones de escolares entre los años 1954 y 1966). También teníamos en el aula “una biblioteca”, con media docena de textos entre los que siempre destaco Cien Figuras Españolas, un estupendo libro de biografías de personajes ilustres que yo elegía frecuentemente para leer a diario. Con esos mimbres, completaba el puzle una pizarra negra, un poco de tiza blanca, unos tinteros para mojar las plumillas artesanales de la época y… ¡el bolígrafo!

En una esfera personal, los años 50´me recuerdan, también, la bicicleta Orbea de mi 4 iniciacioprofesionalpadre. Cada domingo, pedaleaba conmigo en la barra y con mi hermano José Luis en el sillín posterior, desde nuestra casa en Mompía hasta el domicilio de mis abuelos paternos en Sancibrián. Allí pasábamos la tarde ¡escuchando la radio!, una Marconi de gran tamaño. Madre mía, ¡las vueltas que da la vida!

Nadie pestañeaba durante el Carrusel Deportivo, un programa conducido por los míticos periodistas Bobby Deglané, Joaquín Prat o Agustín Fernández Langarita, en diferentes etapas; el consultorio femenino de Elena Francis; o mientras se emitía Matilde, Perico y Periquín, una radiocomedia costumbrista que permaneció en antena durante lustros.

En el curso 1962-1963 inicio mis estudios de Bachillerato Elemental, primero, y de Bachillerato Superior, después, a partir del año académico 1966-1967. El concepto de enciclopedia evoluciona hacia libro de texto por materias o asignaturas, apoyado frecuentemente por apuntes del profesor. Posteriormente, a partir de mi ingreso en la Escuela Normal de Magisterio, los libros de texto constituyen el recurso esencial del conocimiento, eso sí, respaldado por la docta e “incuestionable” sabiduría de cada profesor. Es la época por excelencia del axioma magister dixit y las habituales consultas en la biblioteca municipal ”Menéndez y Pelayo” de Santander.

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Durante esa etapa de mi vida ocurren muchas cosas en el mundo, también en Mompía. Aún recuerdo aquel primer televisor que compraron mis padres, pioneros en esta iniciativa. Había llegado la tecnología alemana, de la firma Telefunken, ¡un verdadero armatoste decorativo! Eso sí, en blanco y negro. Era otra época. Fruto de aquella adquisición, todos los vecinos del pueblo venían a nuestra casa los domingos a ver Bronco Layne, Cheyenne,… Era la década de los 60´. A continuación, llegó el teléfono a mi casa. También fue el primero del pueblo, un supletorio conectado al del Ayuntamiento de Bezana, con el número 2; por esas fechas apareció el primer coche, todo un evento social en Mompía, un Seat 1500 que Emilio Herrera compró a su hijo José Antonio;…  

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A nivel mundial, en 1971, se produce un impacto tecnológico de mayor cuantía. El neoyorkino Raymond Tomlinson desarrolló el primer sistema de correo electrónico; dos años más tarde, en 1973, Martin Cooper consiguió hacer una llamada desde un teléfono móvil; en 1989, Tim Berners-Lee creó la World Wide Web;… La repercusión global de estos avances representa el inicio de una etapa sociológica revolucionaria que influirá en la idiosincrasia de las personas de esa generación y de las siguientes. Ni que decir tiene que esa apreciación sirve, aumentada y corregida, para calificar, también, los avances tecnológicos sin precedente alguno acaecidos en los últimos diez años.

El sistema educativo incorpora, lentamente, esas nuevas realidades tecnológicas al diario quehacer en las aulas. Su protagonismo y determinación se me antojan fundamentales. Simultáneamente, se produce una exponencial difusión de su aplicabilidad en el día a día de las personas. Esa circunstancia definirá un sello particular de identidad de estas generaciones paulatinamente, a partir de las dos últimas décadas del pasado milenio. ¿Alguien duda de la influencia de los cambios tecnológicos acaecidos en la vida de las personas? ¡Las vueltas que da la vida!

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Concluyo esta entrada anunciando mi intención de colgar otra reflexión en un próximo futuro focalizada en la repercusión de las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones (TIC) en el sistema educativo, en la práctica docente cotidiana y en los nuevos paradigmas de aprendizaje de los nativos digitales.

 

La generación de los Baby boomers (1946-1965), a la que yo pertenezco, dio paso a la Generación X (1966-1980), colectivo que conecta paulatinamente con los cambios tecnológicos, todavía incipientes. Es a partir de esa época, cuando irrumpe masivamente las TIC en la sociedad y ello da lugar a una nueva cohorte de ciudadanos, la Generación Y (1981-1992), preludio de uno de los colectivos más sorprendentes de la historia de la cultura. Me refiero a la generación Z, también denominada postmillennials, hoy presentes en nuestras aulas, que está llamada a protagonizar un papel determinante en la sociedad del próximo decenio.

La necesaria renovaciónrevolución pedagógica de los centros educativos  debe apoyarse en las ventajas incuestionables que proporcionan las TIC para dar respuesta satisfactoria a las necesidades y expectativos de los estudiantes de hoy en todos los ámbitos de su vida personal, social y profesional.

Otras entradas relacionadas:

  1. Tres generaciones y un solo proyecto,  de 14 de agosto de 2015  
  2. Educación del siglo XXI, de 28 abril de 2015
  3. Nikita, digno representante de la “generación net”, de 28 de noviembre de 2014
  4. La generación del milenio, de 16 de noviembre de 2012
  5. Estudiantes del siglo XXI, de 24 de mayo de 2011

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