La contención de la pandemia COVID-19 es posible: Auto-diagnóstico, geolocalización y plataformas tecnológicas

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El periódico EL MUNDO publicó, en su sección de Ciencia y Salud del pasado lunes, 9 de noviembre, un artículo del médico cántabro Javier Crespo García, jefe de Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander, titulado “La contención de la pandemia COVID-19 es posible: Auto-diagnóstico, geolocalización y plataformas tecnológicas” que ha tenido una notable repercusión social.

El Dr Crespo es un prestigioso médico, especializado en Gastroenterología y Hepatología, que comparte su actividad en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla con la de profesor titular de la Universidad de Cantabria y con la de investigador en el área de “investigación clínica y traslacional en enfermedades digestivas”. Asimismo, el Dr Crespo es presidente de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD)

La contención de la pandemia COVID-19 es posible: Auto-diagnóstico, geolocalización y plataformas tecnológicas” es un ensayo en que el Dr Crespo hace referencia a las tres aspectos propugnados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la contención de la pandemia COVID-19: “test, treat and trace” (prueba, tratamiento y rastreo). En su escrito, Crespo analiza la situación actual, describiendo problemas logísticos como, por ejemplo, el referido a la realización de los cribados masivos y proponiendo soluciones alternativas.

En otro orden de cosas el Dr Crespo constata que, a pesar de los más de ocho meses de pandemia transcurridos el testado está lejos de ser masivo, los rastreadores brillan por su escasez y el aislamiento “quirúrgico” de los contactos es escasamente eficaz.

Al referirse al diagnóstico de la infección el Dr Crespo se pregunta ¿realmente es posible que nos podamos auto-diagnosticar? La respuesta no deja lugar a dudas. Crespo apuesta por el auto-test y plantea la posibilidad de que toda la población se haga las pruebas en su domicilio, sumado al cribado en todo tipo de centros que conciten una afluencia alta de ciudadanos: hospitales por supuesto, pero también colegios, centros de trabajo o instalaciones deportivas.

La contención de la pandemia COVID-19 es posible: Auto-diagnóstico,
geolocalización y plataformas tecnológicas.
Dr. Javier Crespo
Presidente de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD)

La Organización Mundial de la Salud (OMS) propugna como santo grial de la contención de la pandemia COVID-19 la trilogía “test, treat and trace”. Pero tal y como se viene demostrando en diversos países del mundo, uno de los problemas logísticos más difíciles de resolver es la realización de cribados masivos. Existen diversas alternativas para éstos: uso de instalaciones no sanitarias reconvertidas, hospitales de campaña, áreas especialmente dedicadas de algunos hospitales, farmacias, etc. Pero a pesar de que llevamos más de ocho meses de pandemia, el testado está lejos de ser masivo, los rastreadores brillan por su escasez y el aislamiento “quirúrgico” de los contactos es escasamente eficaz.

La inequívoca constatación del fracaso de todas las medidas de contención del SARS-CoV-2, nos debe llevar, necesariamente, a reflexionar acerca de si realmente podemos, o no, cambiar el rumbo de esta pandemia con las medidas de contención aplicadas hasta el momento. O, alternativamente, si en lugar de implementar medidas propias del siglo XXI, hemos utilizado procedimientos de principios del siglo XX. Durante estos meses, se ha intentado el control mediante la distancia física interpersonal, el uso de mascarillas, una marcada reducción de nuestra actividad social, las limitaciones de movimientos, los confinamientos territoriales y domiciliarios. El fracaso de estas medidas es por tanto una evidente realidad y la constatación de un fracaso colectivo en la contención de esta enfermedad. Medidas muy similares a éstas se tomaron durante la mal llamada gripe española del 18, con un resultado catastrófico; ¿debemos ahora, esperar un resultado diferente?

El diagnóstico de la infección por este virus se basa en la detección del ARN mediante un test denominado reacción en cadena de la polimerasa (PCR) realizada con muestras nasofaríngeas, procedimiento que requiere personal sanitario especializado e instalaciones de laboratorio centralizadas. Pero los avances que se han producido para facilitar el estudio de esta infección son impresionantes. Desde hace meses, disponemos de tests serológicos, capaces de poner de manifiesto la existencia de anticuerpos frente a este virus, de extraordinaria sensibilidad y especificidad, que nos permitirían definir con total precisión la prevalencia actual de esta infección.

Estudios recientes han demostrado que el uso de otros fluidos corporales, como la saliva, son útiles para establecer el diagnóstico de esta infección, lo que tiene numerosas ventajas: el paciente es capaz de obtener su propia muestra fácilmente y sin molestias, y no requiere de personal sanitario especializado para su manejo. Y a esta posibilidad de usar la saliva como fluido de estudio se suma la disponibilidad de test rápidos de aplicación in situ, baratos y sensibles, que no precisan de instalaciones sanitarias, con resultados disponibles en pocos minutos y que el propio paciente puede auto-administrarse. Pero, ¿realmente es posible que nos podamos auto-diagnosticar? Veamos un ejemplo. Hace unos meses, nuestro grupo de trabajo analizó la prevalencia de la infección por SARS-CoV-2 (datos pendientes de publicar). Seleccionamos a un grupo de personas representativas de la población general de Cantabria y les enviamos, mediante correo convencional, un test rápido para la detección de anticuerpos frente al virus, un link donde se accedía a un cuestionario epidemiológico online y un vídeo explicativo donde se informaba detalladamente del procedimiento e, incluso, de cómo “subir” los resultados a esta plataforma. Por supuesto, se indicaba un número de teléfono y un correo electrónico accesibles para cualquier tipo de consulta. Es decir, efectuamos un estudio mediante lo que podríamos denominar telemedicina en población general previamente no entrenada y analizamos la efectividad y las potenciales barreras para la implementación de este tipo de intervención. Y el resultado de este innovador trabajo fue altamente esperanzador: más del 80% de los sujetos participantes fueron capaces de completar todo el protocolo de estudio y cerca de un 10% de los sujetos consiguieron finalizar el trabajo con una discreta ayuda a distancia. Estos resultados sugieren que la utilización de una metodología de este tipo es viable en nuestro país.

Como ya comenté con anterioridad, de acuerdo con la OMS, el testado masivo es clave en el control de la infección, pero en la vida real presenta enormes dificultades. Por este motivo, se debe plantear una combinación de auto-testado masivo, similar al expresado en el ejemplo anterior, sumado al cribado en todo tipo de centros que conciten una afluencia alta de ciudadanos: hospitales por supuesto, pero también colegios, centros de trabajo o instalaciones deportivas. Toda la población, previamente informada mediante una exhaustiva campaña divulgativa tanto en medios públicos como privados y redes sociales, recibiría en su domicilio un test rápido para el diagnóstico serológico, un test rápido para el diagnóstico de una potencial infección activa y un tubo para la recolección de saliva, un enlace para rellenar un breve cuestionario epidemiológico y un sencillo vídeo explicativo de todo el proceso.

Todos y cada uno de nosotros debiéramos auto-realizarnos los tests rápidos, enviar el tubo con la muestra de saliva a la dirección indicada en las instrucciones y rellenar la encuesta online donde, además, incluiremos el resultado de los auto-tests que nos hemos practicado. La saliva se remitirá a laboratorios centralizados donde, en función de los resultados previos, se decidirá la realización o no de una PCR convencional. Y el resultado conjunto de toda esta información obtenida de una forma rápida y eficaz, se subirá a una plataforma tecnológica que informará, en tiempo real y de forma simultánea, a todos y cada uno de los individuos y a las autoridades sanitarias. Como consecuencia de esta acción, se conseguirá el diagnóstico de las personas infectadas, sintomáticas y, sobre todo, asintomáticas, permitiendo la práctica de confinamientos “quirúrgicos” es decir, exclusivamente limitados a los sujetos con una infección activa y sus contactos estrechos, facilitando la contención de la pandemia.

Sin duda, una aproximación de este tipo supone un notable desafío; pero mucho menor al que la propia COVID-19 nos plantea. Exige un alto grado de compromiso por parte de todas las administraciones públicas y de la sociedad civil en su conjunto, que se debe implicar en la solución a este reto. Se necesitará un ejército de voluntarios que ayuden a las personas que no están capacitadas para el auto-cribado, será precisa una notable inversión en material tecnológico, tanto inventariable como fungible, será necesaria una notable dosis de entusiasmo y será imprescindible contar con un nutrido grupo de expertos que diseñen con precisión milimétrica el operativo final; se trata, en fin, de un proyecto de país que dé respuesta a una amenaza global a nuestra sociedad como la presente. Si somos capaces de movilizar a toda la población adulta, de forma absolutamente ordenada, cada cuatro años y evaluar el resultado de la encuesta (el voto) en menos de 24 horas, por qué no vamos a ser capaces de hacernos un auto-test extraordinariamente sencillo, barato y con amplia accesibilidad. Y cuando nos preguntemos qué debemos escoger, economía o salud, seremos capaces de responder, escogemos las dos, salud y economía.

Es cierto, esta iniciativa tropezará con innumerables problemas que se deberán solucionar y, quizás el más importante, sea que la participación debiera ser universal para tener éxito. Y este objetivo solo será viable acompañando a la misma de medidas sociales y económicas que faciliten el confinamiento. Una compensación económica, una baja laboral automatizada y sin estigmas o la puesta en marcha de diferentes medidas fiscales, durante el periodo de confinamiento domiciliario serán esenciales para el éxito de este plan integral.

Otras medidas, como la disponibilidad de alojamiento donde pasar la cuarentena para personas cuyas viviendas no están preparadas y la puesta a disposición de las personas vulnerables de todos los servicios sociales que nuestro país puede proveer a sus ciudadanos, serán también inexcusables para el éxito del programa. El uso de plataformas tecnológicas y la geolocalización de los sujetos infectados, restringen, de algún modo, nuestros derechos individuales. Pero esta restricción, cuya única intención es cortar la trasmisión de la enfermedad, de un modo similar al que han conseguido algunos países orientales está, en mi opinión, justificada si queremos preservar, de forma simultánea, nuestra salud y nuestro modo de vida. Sin duda, los estados de alarma que limitan nuestra libertad de movimientos y nos llevan al confinamiento domiciliario, son más intrusivas en nuestros derechos que la geolocalización y el uso de diferentes códigos telemáticos, asignados por nuestras administraciones sanitarias.

En el horizonte cercano se adivina un nuevo confinamiento domiciliario, varias semanas de elevada presión asistencial que volverán a poner a prueba nuestro sistema sanitario y, de nuevo, nuestros corazones se turbarán por la insufrible muerte de centenares o miles de conciudadanos. Pero si somos capaces de articular un plan similar al descrito, ambicioso, sí, pero posible, mantendremos intacta nuestra esperanza. Esta segunda ola, o como la queramos denominar, será la última, no volveremos a sufrir más confinamientos, seremos capaces de contener la infección con bajos niveles de incidencia hasta que, finalmente dispongamos de una o más vacunas, que controlen a largo plazo esta infección. No, no nos debemos dejar llevar por el optimismo. Pero, al menos, permitamos que la ciencia nos conduzca por el camino de la esperanza.

Otras entradas y enlaces de interés:

EL COVID-19 Y SU IMPACTO EN LOS SANITARIOS ESPAÑOLES, de 3 de junio de 2020

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