Clima escolar y rendimiento educativo

Uno de los factores que influye en el rendimiento educativo de los estudiantes es el clima escolar, entendido como la integración de un conjunto de elementos que inciden, de una u otra manera, en la satisfacción de sus necesidades emocionales

A título no exhaustivo podemos contemplar algunos ingredientes aplicables al alumnado y al profesorado para alcanzar un deseable buen clima escolar. Me refiero al respeto a sí mismos y a los demás, la autoestima, la convivencia satisfactoria dentro y fuera del aula, la asertividad de los profesionales docentes o la empatía de unos y otros.

También, merecen ser destacados otros aspectos como, por ejemplo, las relaciones interpersonales provechosas. Esos nexos facilitan un ambiente de enseñanza aprendizaje eficaz, inclusivo, que conduce a un beneficioso estadio de bienestar de todos y cada uno de los discentes en forma de resultados académicos positivos y de felicidad personal.

Este curso escolar 2017-2018, como es sabido por la comunidad educativa decroliana, celebramos el 40 Aniversario de Decroly. Los que hemos vivido las más singulares experiencias educativas en estos cuarenta años de existencia del centro, como es mi caso, estamos en condiciones de ponderar objetivamente el clima escolar, el rendimiento educativo y el estatus sociocultural, educativo y profesional de nuestro alumnado y profesorado a través del tiempo.

Ese contexto viene determinado por el carácter propio –ideario- de Decroly y por su transposición a nuestro Proyecto educativo que se concreta cada curso escolar en la Programación General Anual (PGA) y en las correspondientes programaciones didácticas de cada módulo formativo. Eso sí, ¡siempre con el foco puesto en el desarrollo armónico académico, profesional, emocional y social del alumno!

Algunas evidencias que definen la realidad de la comunidad educativa decroliana de 1978, de 1998 y la actual, de 2018, por ejemplo, muestran una foto finish repleta de contrastes. Cada momento histórico ha estado caracterizado por un sinfín de circunstancias que condicionaron, en cierta manera, el clima escolar y el subsiguiente rendimiento educativo. La historia, mejor dicho, nuestro alumnado y las empresas e instituciones colaboradoras juzgarán el papel de Decroly y su aportación al sistema educativo y a la sociedad de Cantabria.

Para entender mejor el entorno que hoy determina el clima escolar e influye sin paliativo alguno en el rendimiento educativo de los adolescentes y jóvenes que mayoritariamente acuden a diario a Decroly, voy a recordar el escenario en que nos movíamos hace cuarenta años, cuando fue creado el centro en 1978, y el de twenty years ago –permitidme esta licencia lingüística–, en 1998. También he de reconocer que, mientras escribo estas líneas –interrumpido por un “wasapeo” con Marta Guzmán–, estoy sintiendo una emoción indescriptible, maravillosa, que me produce un placer profesional estremecedor y excitante al mismo tiempo como jamás había experimentado.

En 1978, en plena era analógica, primaban los conocimientos, capacidades y habilidades derivadas de objetivos educativos propuestos por el psicólogo y pedagogo estadounidense Benjamin Bloom (1913-1999) en su mundialmente conocida Taxonomía, publicada en 1956. Los objetivos educativos fueron clasificados en tres aspectos: cognitivo, afectivo y psicomotor. Los maestros y profesores han aplicado este modelo educativo durante décadas y aún hoy, es una opinión muy personal, quedan reminiscencias de estos planteamientos formativos en una parte de los profesionales docentes.

Decroly no fue ajeno a esa cultura pedagógica en sus comienzos. En aquellos momentos apasionantes, las actividades educativas estaban fuertemente influidas por la figura del profesor o profesora de turno y el clima escolar estaba condicionado, en parte, por una poderosa dependencia del alumnado a los procesos de enseñanza guiados por el profesorado.

En este año, en 1978, los alumnos de la primera promoción de Decroly tenían 15-16 años, lo que significa que hoy rondan la edad de 55-56 años. Son los “últimos de Filipinas”, de aquella generación denominada Baby boomers. Su perfil, y las circunstancias socioeconómicas de ellos y de sus familiares, en nada se parecen a los de la posterior cohorte demográfica de ciudadanos, y de alumnos de Decroly, conocida con el apelativo de Generación X y mucho menos, a los de la Generación Y, también llamados Millennials, o a los pertenecientes a la Generación Z, los que nacieron en este milenio. Aquellos adolescentes y jóvenes vivieron su etapa educativa en un clima escolar fuertemente influenciado por la realidad social de su época, cuyo mayor exponente fue la entrada en vigor de nuestra Constitución.

No obstante, en 1998, comienza una transición educativa en la que coinciden las últimas cohortes de alumnos pertenecientes a la Generación Y con las primeras de la  Generación Z. Es el año demarcado por un acontecimiento de trascendencia sin igual: la aparición de Google en Internet gracias a sus creadores Larry Page y Sergey Brin.

Respecto al clima escolar en aquel año 1998 y en otros posteriores, podemos leer en distintos informes de la época que hubo una corriente inspiradora de comportamientos en el aula orientados a la promoción de experiencias emocionalmente positivas, de forma que pudieran ser recordadas con simpatía posteriormente. En esta misión adquiere un papel protagonista y de primer nivel en el contexto escolar la interrelación de los profesores y los alumnos para crear un ambiente de trabajo facilitador de logros, tanto en el ámbito académico y profesional como en el afectivo y emocional.

Decroly fortaleció esa filosofía educativa, siempre presente en sus aulas en todo caso. Desde el punto de vista educativo y formativo, ya habíamos consolidado el aprendizaje por competencias gracias, en gran medida, a la implantación de programas formativos modulares, denominados Cambridge Business Skills (CBS) y Cambridge Information Technology (CIT), en virtud de un convenio de cooperación de Decroly con University of Cambridge Local Examinations Syndicate (UCLES), firmado al comienzo de los 90´.

En 2018, como si de un salto en el túnel del tiempo se tratara, nos encontramos en un escenario muy distinto. A ello ha contribuido la entrada en vigor de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE) primero y después de la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa (LOMCE) aún vigente. Además, la ya denominada era digital nos ha introducido en un mundo diferente, de cambio y transformación permanentes; en una arrolladora vorágine digitalizadora, con perspectiva de futuro incierto e impredecible; en una sociedad totalmente competitiva –como consecuencia de la ya generalizada globalización– con ratios de inmigración jamás imaginados en un marco de resurgimiento del totalitarismo religioso.

Hoy quedan aún pendientes de evaluación las consecuencias del impacto de la robotización – derivado de la cuarta, si no quinta Revolución Industrial – sobre el empleo y la recualificación necesaria de toda la fuerza laboral para adaptarse a la nueva situación y anticiparse a las futuras demandas.

En este entorno que he pintado, que muestra solamente unas pocas realidades de la sociedad en este año 2018, podemos constatar un avance tecnológico irreversible. La realidad supera a la ficción. ¿Quién se iba a imaginar este contexto socioeconómico en 1978 e, incluso, en 1998? ¡Que levante la mano! De hecho, han aparecido escenarios muy significativos, nuevos desafíos que debemos afrontar los profesionales docentes, y en Decroly lo hacemos sin duda alguna para educar a nuestro alumnado fuertemente condicionado por su relación con los dispositivos tecnológicos. ¡No vamos a poner puertas al viento!

Voy a finalizar esta entrada incorporando algunas reflexiones de manual sobre el clima escolar y su íntima relación con el rendimiento escolar: La experiencia nos enseña que un buen clima escolar facilita un progreso educativo positivo del alumnado. Por el contrario, la ausencia de un clima escolar satisfactorio provoca en el alumnado apatía, indisciplina, desaliento, ausencia de compromiso, participación y colaboración con compañeros y profesores… y todo ello deriva en bajas calificaciones y en frecuente abandono escolar temprano. ¡Lo tenemos archicomprobado en Decroly!

El actor principal de la película “clima escolar” excelente es el docente. En mi opinión, el maestro, el profesor debe ocuparse prioritariamente de crear un ambiente agradable en el aula que favorezca los procesos de enseñanza-aprendizaje. De esa manera, el alumno se adhiere más fácilmente a las propuestas de trabajo que sugiere el profesor, preferentemente si son de corte cooperativo, en equipo. En ese contexto de proximidad y cercanía, de confianza mutua, el profesor suscita, sin mayor esfuerzo, el interés del alumno por colaborar, opinar, participar, crear, aprender,… especialmente si propone una metodología basada en principios eficaces, como son la actividad y el aprendizaje significativo.

Muy importante, asimismo, en un entorno de clima escolar óptimo, es crear un procedimiento de comunicación oral y escrito contemplando todos los medios a su alcance. Por otro lado, aprender en un ambiente natural y espontáneo, además de en armonía y cordialidad, suma muchos enteros para conseguir el éxito del rendimiento educativo de los estudiantes.  Sin duda un buen profesor sugiere y acuerda con sus discípulos la realización de actividades complementarias y extraescolares que sirvan, además, para fortalecer su autoestima, solidaridad, espíritu crítico e implicación. Las alianzas de cooperación mutua, impulsadas por los docentes, contribuyen a formar personas alegres, felices, respetuosas, capaces de convivir armónicamente los unos con los otros.

El aula no tiene que ser un lugar aburrido ni triste. Más bien, por el contrario, es un espacio dinámico, adaptable, en lo posible, a las circunstancias de cada momento; un lugar que se asemeja a otros entornos del círculo familiar del alumnado, por ejemplo, al salón de su casa, en el que se respira alegría, cordialidad, apoyo mutuo, respeto ¿por qué no decirlo?, y en definitiva, “buen rollo”. Estas características apoyan la existencia de un clima escolar admirable, favorecedor de una educación inclusiva y de calidad.

Finalmente, todo lo anteriormente dicho cobra un valor añadido extraordinario si a todas esas buenas actuaciones sumamos otro elemento que debe estar presente en nuestras propuestas educativas: dar una respuesta personalizada y satisfactoria a cada alumna y alumno de acuerdo con su talento, capacidades e intereses en el más escrupuloso entorno de libertad, equidad e igualdad de oportunidades.

Otras entradas y enlaces de interés:

Acuerdo por la Educación en Cantabria
Presentación Libro Blanco de los Empresarios Españoles “La educación importa”
Decroly en la revista Actualidad Docente
Noticias de Decroly publicadas en Educantabria en 2017
Noticias de Decroly publicadas en Educantabria en 2018
-Vídeo Día de Europa 2017 en Decroly
-Video Día Europeo de las Lenguas en Decroly
-Video Educación Responsable en Decroly
-Micro-video-relato de Decroly en el I Congreso hispano-alemán de cooperación
Vídeo de Decroly seleccionado en el concurso “Erasmus+ FP”
-Vídeo del Discurso del consejero Fernández Mañanes en la entrega de premios del VI Concurso de proyectos en la Formación Profesional del sistema educativo
Decroly English Atmosphere
Lluvia de ideas educativas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: