Tecnología, dispositivos móviles e innovación educativa

Las recurrentes reflexiones sobre el uso adecuado de internet, los dispositivos móviles y la tecnología en la vida de las personas, y en relación con las cosas que interesan a los ciudadanos, desde su más tierna infancia hasta la edad adulta, apuntan a una realidad incuestionable: esas utilidades se han instalado en la cotidianeidad de niños, adolescentes, jóvenes y mayores… ¡y han venido para quedarse!

A la hora de escribir esta reflexión he decidido obviar cualquier especulación ajena y concentrarme en la realidad que me rodea.1 20160300 Javier muñiz (2)

En el ámbito familiar, mi hijo Nikita es un claro exponente del impacto de ese paquete genérico de tecnología que cada día irrumpe en su vida de adolescente mediante un despliegue prácticamente inabarcable e imparable de información a través de todo tipo de recursos. ¡Siempre hay algo más; alguna novedad que se difunde vía redes sociales ipso facto! Mi esposa y yo mismo “sufrimos”, también, una especie de “nueva enfermedad”. De hecho, experimentamos un inconmensurable desafío alentado por una conectividad total que nos impulsa a “estar enchufados”, a llevar el teléfono móvil en la mano permanentemente como si de las gafas, quienes las necesitamos, se tratara.

Negar la evidencia es de necios. Cualquier atisbo de sabiduría que atesoremos como personas, apoyada en la singular inteligencia de cada uno de nosotros, debe proporcionarnos la necesaria capacidad para afrontar una realidad que forma parte de nuestras vidas y discernir entre sus pros y contras. No cabe otra. Hemos de adaptarnos al momento presente en que vivimos y aceptar el reto extraordinario de lo que algunos “gurús de la cosa” denominan era de internet. ¡Es el presente y, también, el futuro! Eso, sí; esa realidad también muestra la cruz de una moneda que nos indica y alerta de otro horizonte menos atractivo que nos hace vulnerables en una u otra medida.

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En mi entorno profesional, en Decroly, la tecnología se ha abierto paso sin prisa pero sin pausa desde el mismo momento de su fundación en 1978. En todo caso, a partir del curso 1983-1984, con la implantación de los estudios de la Especialidad Informática de Gestión de la entonces Formación Profesional de Segundo Grado, apostamos por un desarrollo sostenible del centro ligado a la innovación y a la aplicación de la tecnología informática de la información y de las comunicaciones en clave educativa y empresarial.

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No es objeto de esta entrada recordar los orígenes y evolución de Decroly. Solo quiero dejar constancia de la histórica realidad de este centro. La situación vanguardista de nuestra institución ha sido construida a partir de sólidos cimientos de creatividad e innovación educativa. En ese contexto ha ocupado un papel protagonista prioritario un asunto de relevancia incuestionable: la inversión en recursos tecnológicos de primer nivel y, en paralelo, un similar o mayor, si cabe, esfuerzo en la permanente formación del profesorado. La audaz posición de Decroly habría sido imposible sin esa doble realidad que constituye parte esencial del ideario y de su proyecto educativo año tras año. 

Alumnos y profesores de Decroly, así como otros estamentos de esta comunidad 4 analopezerasmuseducativa –personal de administración y servicios, empresas colaboradoras y las propias administraciones responsables del área de Educación y de Empleo- comparten el hecho de que aprender en la era de internet debe sostenerse en los firmes apoyos que proporciona las nuevas tecnologías. Hoy el acceso a la información y al conocimiento desborda el ámbito del profesorado y/o los libros de texto. Internet y todo su entorno –redes sociales, servicios de mensajería, aplicaciones de todo tipo,…- hace posible una conectividad total y permanente, veinticuatro horas al día, siete días a la semana y trescientos sesenta y cinco días (sesenta y seis, si es bisiesto) al año.

Ahora ponemos el foco en un debate que cuestiona, sin paliativo alguno, metodologías vigentes en el siglo XIX y bien avanzado el siglo XX. El modelo imperante por más de un siglo no se sostiene hoy en día. No importa desde qué ámbito abordemos el asunto. La galopante y sostenible evolución tecnológica y su impacto en los ciudadanos y en las cosas es de tal calibre que no asumir el cambio radical que ello comporta en todas las esferas vitales, y también en el terreno educativo, nos retrotraería a la prehistoria, visto en términos comparativos con las demandas socioeconómicas globales de este siglo XXI. 

El papel de todos los agentes implicados en la actividad académica de un centro escolar ha experimentado una metamorfosis sin retorno. Superada la crisis de

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identidad del profesorado, propiciada por una ruptura de sus métodos de enseñanza referenciados a la pizarra, a la tiza, al libro de texto, al magister dixit, a la tarima y el atril, al posicionamiento de los alumnos en el aula sustituidos por un nuevo rol de uno y otros en el proceso de enseñanza-aprendizaje-retroalimentación… se impone el concepto de centro inteligente enclavado en un contexto ingenioso desplegado por todos los rincones de la geografía mundial.

Los escolares y estudiantes que pueblan nuestras aulas forman parte de una sociedad mundializada, global, en la que su misión implica saber aprender de forma autónoma e independiente, en entornos formales, no formales e informales. En ese mismo orden de cosas, la sociedad de este siglo XXI espera la integración de jóvenes que hayan desarrollado una mentalidad creativa e innovadora para afrontar los desconocidos desafíos a los que se enfrenta el tejido productivo, particularmente. Sobre los hombros de los jóvenes que pueblan las aulas de hoy descansa el destino de la sociedad en un futuro inmediato.  

Decroly apuesta por una formación y desarrollo personal y profesional eficaz en 6 SalidaFPBcompetencias clave, personales y profesionales para que sus actuales y futuros alumnos se enfrenten con garantía a ese reto. A día de hoy, el equipo directivo y el profesorado despliegan esfuerzos en forma de información y orientación personal y profesional para incorporar una cultura de aprendizaje colaborativo permanente, dentro y fuera del aula. En ese contexto, la tecnología, en su más amplia expresión, representa un acicate sin igual y un apoyo imprescindible para alcanzar los objetivos fijados en cada uno de los títulos de los ciclos formativos en los que opera Decroly. 

En Decroly hacemos gala de un ambiente de aprendizaje activo, participativo, relevante, instando a los discentes a asumir el principal protagonismo en ese proceso. El profesorado diseña materiales que, junto a otros recursos tecnológicos de uso libre y gratuito, facilitan la contextualización del aprendizaje dentro y fuera del aula, con criterios de equidad que dan respuesta al talento específico de cada estudiante. 

El papel y la dinámica de trabajo de alumnos y profesores han experimentado un cambio sustancial en Decroly en los últimos cinco años, particularmente. Proponemos escenarios distintos de aquellos otros convencionales en los que el profesor habla y enseña (o no) y el estudiante escucha y aprende (o no). En Decroly los alumnos se comprometen en su propio proceso de aprendizaje y los profesores se integran7 ArmandoFPB en un equipo de trabajo en el que los estudiantes se convierten, a menudo, en profesores y los profesores, en aprendices. La irrupción de internet, los dispositivos móviles y las nuevas tecnologías en su conjunto han transformado el aula, tanto en su disposición física como en el rol asignado a todos los actores. En Decroly ponemos el foco en una metodología de aprendizaje –sí de aprendizaje- flexible que permita la atención personalizada de cada estudiante y garantice el éxito de todos y cada uno.

Los profesores lo tenemos comprobado y los alumnos, también. La formación de equipos de trabajo; la interacción entre iguales; el respeto a los ritmos de aprendizaje; la asunción del error como oportunidad de mejora y la aceptación de un papel facilitador del profesorado estimula la motivación y autoestima de los estudiantes. Emulamos todos juntos la realidad que demanda la sociedad actual. Consecuentemente, Decroly ha generado un escenario capaz de afrontar las exigentes demandas de cualificación profesional y de posesión de competencias transversales, personales y sociales imprescindibles.

Y además, lo tenemos todos claro: alumnos y profesores. El aprendizaje no es una potestad privativa de los centros escolares, de las aulas en las que cada curso los estudiantes pasa largas horas. A veces ¿quién sabe? esa estancia conlleva soportar soporíferas sesiones magistrales que poco aportan a un aprendizaje significativo que puede adquirirse en cualquier tiempo y lugar.

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