El modelo educativo español forma estudiantes pasivos

La evidencia requiere poca argumentación; muestra, por definición, una certeza clara y manifiesta que nadie puede dudar ni negar

El modelo educativo español no termina de encontrar las claves que le permitan conciliar los intereses de la educación y del empleo. Existe un claro desajuste entrefjm 989 ambas realidades que exigen una actuación contundente si no queremos tirar por la borda a toda una generación. ¿Cuáles son los factores que conducen hacia esa situación? Una opinión muy generalizada atribuye a la crisis económica como principal exponente de esa realidad. Sin embargo, existen otros factores que deben ser contemplados a la hora de encontrar soluciones para resolver este mal endémico de la educación en España.

En primer lugar, no parece oportuno esconder una realidad que se manifiesta todos los días en las aulas de los distintos niveles educativos. Me refiero a la exasperante pasividad de los estudiantes, tal vez, como consecuencia de la rigidez del sistema educativo. Ahora bien, ¿Qué es el sistema educativo? ¿No estaremos amparándonos en un concepto genérico para distraer las carencias individuales de todos cuantos le conformamos?

Entiendo que procede reflexionar muy seriamente sobre el papel de todos los actores del sistema. Entre esos intérpretes figura, con un papel destacado, la Administración educativa. También, ¿cómo no? otros agentes, como la Administración laboral y otras; los agentes económicos y sociales; los profesionales docentes y su modelo de formación y cualificación profesional inicial y permanente;… ¿Qué tipo de formación reciben nuestros estudiantes de formación profesional y universitarios? Formulo esta pregunta para circunscribirnos a aquellos más directamente relacionados con el empleo inmediato.

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Es evidente y, por tanto, como decía al principio, no precisa puntualización alguna, que la formación que reciben nuestros estudiantes universitarios no responde a las necesidades del mercado de trabajo actual; es demasiado teórica, excesivamente estructurada y rígida; fundamentada en la transmisión de conocimientos con un fin estrictamente académico; produce una elevada tasa de abandono escolar; se encuentra muy alejada de las demandas reales de los empresarios; genera alumnos pasivos, con falta de iniciativa y ganas de emprender, dos competencias que demandan las empresas de hoy. Tampoco se ha prestado atención al desarrollo de la inteligencia emocional que promueva la adquisición de competencias trasversales absolutamente imprescindibles en la vida personal y profesional de los ciudadanos.

Esa realidad se amortigua sensiblemente, aunque sin alcanzar las cotas deseables, en los estudios de FP, gracias a los esfuerzos realizados por todas las partes implicadas –Administración, agentes sociales, profesores y alumnos- para involucrar a las empresas en el proceso de aprendizaje de los estudiantes a través del módulo de Formación en Centros de Trabajo y, en su caso, mediante el nuevo formato de Formación Profesional Dual.

 educacion emocional

Hace unos días he podido acceder al informe “Armonizar educación con empleo en España: un reto a 5 años” y leer sus interesantes propuestas y sugerencias. Se trata de un estudio de IESE Business School, a través de su Centro Internacional de Investigación de Organización (IRCO), y el Grupo Persona que me permito recomendar a quienes me sigan en esta entrada. Me voy a permitir un adelanto, transponiendo literalmente el prólogo escrito por Javier Martín de la Fuente, del Grupo Persona.

“El futuro nos llevará a una nueva realidad conceptual donde necesitaremos personas que la enfrenten desde unos planteamientos mentales distintos a los actuales. Conseguir esto implica un cambio en la manera de moldear la educación y la formación; desde el colegio hasta la empresa, pasando por las universidades y las escuelas de negocio.

Más allá de la necesaria revisión de los procesos de relación entre colegio, centros de formación profesional, universidad y empresa, donde la continua relación entre todas las partes aflora situaciones de ineficiencia que se corrigen y se corregirán sobre la marcha, para abordar el futuro, las organizaciones demandan:

  • Personas flexibles, con facilidad para integrarse en equipos y nuevos entornos
  • Conductas y espíritu emprendedor
  • Gran capacidad para compartir resultados, objetivos y planteamientos tanto a nivel individual como colectivo
  • Personas activas emocionalmente con un fuerte componente de automotivación y una visión muy activa para generar motivación en los demás
  • Personas que sean capaces de mirar al futuro, a lo desconocido, sin miedo; es más, personas que prefieren desenvolverse en entornos sin referencias. La sociedad y la empresa “líquida” demandan no anclarse ni en el pasado ni en lo aprendido.Mientras el sistema, primero educativo y luego formativo, no enfoque el desarrollo humano de una manera integral, conocimientos y conductas, las empresas se verán abocadas a invertir en un tipo de formación cada vez más conductual. Además de corregir los gap de conocimientos entre el mundo formativo y el empresarial, deberán generar y potenciar una nueva manera de pensar y de sentir. En el primer caso, las escuelas de negocios y el ajuste de los procesos de relación entre los centros de formación profesional y las universidades con la empresa serán clave. En el segundo, desde la etapa escolar, la formación en la generación de estilos de liderazgo basados en la gestión emocional y en la creación culturas abiertas y “líquidas” será la vía adecuada.

Mientras el sistema se ajusta por sí mismo (procesos de relación entre todas las instituciones) la empresa deberá poner foco en el cambio de mentalidad. La empresa vivirá en una doble situación mental: por una parte la de las personas, cada vez con mayor edad y experiencia, educadas en sistemas tradicionales y la de las nuevas generaciones que, con otras motivaciones, serán más productivas si conseguimos adaptarnos a su nueva cultura.

En este sentido el estilo de liderazgo de las organizaciones deberá focalizarse en la incentivación de la creatividad, de la libertad, del emprendimiento y de la vinculación constante entre los objetivos personales y profesionales.

El futuro nos demanda hoy, profesionales adecuados para una sociedad del conocimiento, con altísimo valor añadido y con una educación donde lo personal pesa más que lo profesional. La empresa debe aceptar esta situación e introducir cambios culturales a través de programas formativos que preparen a sus líderes para trabajar con conductas y emociones.  

La formación conductual, debe ser supervisada, estableciendo una continua monitorización del impacto de las diferentes conductas en los resultados perseguidos.”

 

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