Once upon a time… in Belfast

Erase una vez… en Belfast, título de esta entrada, se puede asociar a un cuento de hadas, a una historieta, como las que cuentan los padres a sus hijos en la infancia al acostarse para facilitar su relajación ante el sueño; pero no, se trata de una experiencia real que disfrutamos en vivo y en directo Sergio Ibáñez y yo con el protagonismo genial de un irlandés de bien que nos facilitó nuestra presencia en el partido de fútbol celebrado el pasado viernes entre las selecciones nacionales de Irlanda del Norte y Portugal

No me puedo resistir a contar esta historia. Como si de un cuento de hadas se tratara, el pasado viernes Sergio Ibáñez y yo mismo vivimos una experiencia única que, al menosFJM 259-1 en mi caso, jamás olvidaré. Los hechos tuvieron lugar una vez finalizado el acto de difusión de Supporting the Transfer of Education and Mobility Strategies (STEMS) -Apoyo a la transferencia de estrategias de educación y movilidad-, UK/11/LLP-LdV/TOI-471, el proyecto Leonardo da Vinci de Transferencia de Innovación en el que ha participado Decroly, celebrado ese día en Stormont Parliament Buildings (Parlamento de Irlanda del Norte). Era el momento de la despedida informal y ¿cómo no?, siguiendo la tradición de esas tierras, el evento social se celebró en The Crown Bar, en este caso, con la mediación de una Pint of Smithwicks (568 ml de cerveza irlandesa, favorita de Sergio).

Durante la tertulia, Ken McCue de Sport Against Racism Ireland (SARI) sugirió asistir al partido internacional de fútbol que se celebraría esa misma tarde, en el estadio Windsor Park de Belfast, entre las selecciones nacionales de Irlanda del Norte y Portugal, valedero para la clasificación del Mundial del 2014 de Brasil. La “escuadra española” –Sergio Ibáñez, Óscar Rodríguez y yo mismo- consideramos la propuesta muy interesante, no en vano participaban en el equipo nacional portugués cuatro cracks mundiales que juegan en España, tres en el Real Madrid, como son Coentrão, Pepe y Ronaldo y, un cuarto, Hélder Postiga, jugador del Valencia Club de Fútbol. Finalmente, Sergio y yo nos animamos y nos dirigimos al estadio.

 1 The crowun bar

Hasta aquí todo normal, nada excepcionalmente interesante, salvo que fue un maravilloso partido, disputado de tú a tú entre los dos equipos, en el que brilló con luz propia Cristiano Ronaldo, con un Hat Trick decisivo para las aspiraciones lusas. Lo singular, absolutamente excepcional, fue el comportamiento con Sergio y conmigo de Mr. Security (me invento este nombre para su denominación), un responsable de seguridad del Windsor Park que se erigió en nuestro “football angel”.

¿Que fue lo que ocurrió? Pues muy sencillo. Como los lectores pueden imaginar, nos dirigimos al estadio y sorprendentemente –Ken McCue nos había asegurado lo contrario- ¡no había entradas! Lo supimos nada más llegar al estadio y dirigirnos a una de las zonas acordonadas por colegas de Mr. Security. De hecho, se nos impidió entrar en el recinto. Estaba totalmente protegido por un amplio dispositivo de seguridad. Sin embargo, como ocurre en otros escenarios futbolísticos, el empleado de seguridad al que nos dirigimos nos remitió a eventuales “reventas” que, en su caso, nos facilitarían dos entradas por un módico precio superior al de taquilla.

 2 windsor park stadium

Dado que no teníamos libras esterlinas –en Belfast se paga con tarjeta de crédito hasta la compra del periódico- tuvimos que desplazarnos unos 500 metros del estadio para encontrar un cajero y sacar dinero para pagar las entradas, en caso de obtenerlas, en el “mercado secundario”. Al regreso, ya con cash, nos dirigimos al otro extremo del campo de fútbol para intentar contactar con los “vendedores ambulantes”. ¡Nada de nada! El tiempo pasaba y nuestras caras reflejaban el poema de la contrariedad porque las posibilidades de encontrar dos entradas se esfumaban.

Pero no arrojamos la toalla. Más bien, por contrario, “nos crecimos” ante la adversidad 3 cajero automaticoevidente producida por la no existencia de tickets –ni siquiera nos permitieron entrar en el recinto del estadio para dirigirnos a las taquillas de venta de entradas-. ¿Estáis leyendo aún? Pues, ahora viene lo bueno. Nos dirigimos a Mr. Security, cuando el partido iba a comenzar. Entonces ocurrió algo increíble. Mr. Security nos atendió educadamente. Nos preguntó si éramos portugueses si veníamos a animar a la selección de aquel país. Le contestamos con sinceridad. “Somos españoles”, dijimos Sergio y yo al unísono. “Hemos estado trabajando hasta hace unas horas con colegas irlandeses y escoceses y nos hemos animado a asistir al partido. Nos gusta el fútbol y queremos disfrutar del espectáculo deportivo”, comentamos.

No se hizo derogar, Mr. Security. Llamó a través de su datafono a otras personas y les explicó nuestra situación. Se interesó por nosotros. ¡Nos quería ayudar! Pero, ¡no había entradas! Entonces –yo observé un peculiar gesto en su cara– debió tener una ocurrencia. Siguió haciendo gestiones para finalmente indicarnos que nos dirigiéramos a un empleado al otro extremo de aquella zona. Lo hicimos. Sergio y yo, ¡más contentos que un perro con pulgas! El susodicho nos dejó pasar y nos remitió a un tercero. ¡Que contrariedad! Con cara de sorprendido, pidió a otro miembro de seguridad que nos acompañara ¡a la calle!

El partido había comenzado. A la salida del recinto nos encontramos de nuevo a Mr. Security (Sergio y yo creemos que era el jefe de todos ellos). Nos miró extrañado. ¿Qué ha pasado?, preguntó. “No ha podido ser”, respondimos. El “último de la cadena” no nos ha permitido entrar. Muchas gracias por haberlo intentado. Entonces, -de nuevo observo un gesto en su cara, de contrariedad en esta ocasión,- nos dice que le acompañemos. Así lo hacemos y volvemos a realizar el recorrido anterior custodiados por él. ¡Sergio y yo estábamos alucinando! Aquí puede ocurrir de todo, pensaba yo.

 4 Sergio, oscar en parlamento irlandes

Pero, no. Cruzamos puertas y controles, saludando a cuantos nos encontrábamos por el camino. Mr. Security lo hacía muy afectuosamente, excepto cuando llegamos a la puerta de quien nos prohibió el acceso. A ese, ni le miró (presumo que lo hizo por no atender su petición). Pero siguió a derecho. Nos dirigimos hacia la puerta donde estaba ubicada la hinchada portuguesa. Nos acompañó hasta unos asientos que había libres y, después de desearnos que disfrutáramos del partido, se marchó, despidiéndose con un lacónico ¡enjoy the match!

 5 FJM y Sergio en Windsor Park Belfast

Sergio y yo nos mirábamos sin hablar. ¡No podíamos creer lo que había ocurrido! Cuando nos ubicamos en los asientos, Portugal ya ganaba 1-0. Luego el partido se desarrolló por cauces muy deportivos, en lo que al público se refiere. Impresiona ver como los irlandeses ovacionaban a Cristiano Ronaldo. ¡Es otro concepto del deporte! Ganaron los portugueses 2-4 y nosotros disfrutamos de una bonita tarde de fútbol aplaudiendo a ambos equipos cuando la situación lo merecía.

Pero ahí no finalizó todo con respecto a Mr. Security. Durante el segundo tiempo, se acercó a nosotros para preguntarnos si estábamos divirtiéndonos y disfrutando del espectáculo. Además, nos trajo un librillo explicativo del evento. Al finalizar el partido, nos6 pints of guinness encontramos, de nuevo, con nuestro “football angel”. Nos despedimos afectuosamente. Mostraba un semblante feliz, igual que el nuestro. Está claro que se sentía orgulloso de haber contribuido con su “buena obra” a nuestra felicidad esa tarde. Aceptó, no sin una cierta actitud insistente no forzada por mi parte, unas sterling pounds para que se tomara unas pints of Guinness a nuestra salud.

¡Así se produjeron los hechos! Thank you very much indeed, Mr Security. ¡Nunca olvidaré tu gesto! Hiciste todo para satisfacer nuestra ilusión sin pedir ni esperar nada a cambio y ello te honra por siempre. Al fin y al cabo, como expresa la frase atribuida a Confucio: “No todos los hombres pueden ser grandes, pero pueden ser buenos” y tú, Mr. Security, todo lo que tienes de grande lo tienes de bueno. God bless you!

4 comentarios

  1. ¡me ha encantado la historia! una prueba real de la buena gente que hay por el mundo.¡bien por Mr. Security!
    ¡¡Pint of Smithwicks!! por unos instantes he retrocedido a unos años maravillosos que me han hecho sentir muchiiiiiiiisima añoranza.

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  2. He leído tu historia y, casualidades de la vida o no, he vivido una experiencia similar en Irlanda.
    El pasado mes de marzo nos encontramos en Dublin, por casualidad, con el “French weekend” del Torneo 6 naciones de rugby y, por curiosidad, nos acercamos al Aviva Stadium. Las entradas llevaban semanas agotadas, y lo sabíamos, pero por conocer el ambiente allá fuimos. Y allí estaba esperándonos nuestro, como tú dices, Mr Security que se sacó 3 entradas de la manga y tuvimos la gran suerte de ver un Irlanda-Francia. ¡Buena gente!

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    1. What can I say? It´s just unbelievable!

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  3. isabelcagigal · · Responder

    ¡¡Aún queda buena gente!!! Genial vuestra experiencia!.
    Un abrazo,
    Isabel.Ita

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