Una educación transformadora

Encima de la mesita, junto a la cama de mi habitación, se encuentran varios libros con los que “ataco” a las noches de insomnio, más frecuentes a medida que pasa el tiempo

 

De vez en cuando, releo parsimoniosamente “Enseñar a nativos digitales”, un libro de Marc Prensky altamente recomendable, porque su contenido me1-fjm acerca a posiciones pedagógicas que he mantenido a lo largo de mi ya dilatada vida profesional.

 

En este e zine publiqué un post, La coasociación, un método para el cambio de modelo enseñanza-aprendizaje, el 5 de enero pasado, en el que recogía algunos pensamientos y afirmaciones de Marc Prensky, particularmente aquellos relacionados con una nueva metodología que acuña con el apelativo coasociación. No es mi pretensión hoy redundar sobre lo ya escrito sino, más bien, abundar en ello con reflexiones complementarias para afianzar una posición que consolida una cultura corporativa de Decroly que debe consolidarse sobre los cimientos de una constante revisión y propuesta de cambio.

  

No hemos podido erradicar totalmente, todavía, algunas posiciones metodológicas del profesorado basadas en la impartición de las tradicionales clases teóricas en las que hablan y explican pretendiendo que los alumnos escuchen, cojan apuntes, los estudien y memoricen, propio de una metodología analógica basada en el instructivismo pedagógico. La consecuencia inmediata de esta actuación docente conduce a la desconexión del alumnado, con la consecuente generación de situaciones de pasividad, aburrimiento y la aparición de conflictos disciplinarios. Ese tipo de enseñanza ya no funciona. Hoy en día, los profesionales docentes hemos de asumir que nos hemos convertido en una herramienta más de aprendizaje.

 

 

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¡Que nadie se sienta aludido, más de lo justo! Una significativa parte de la actual generación de profesionales docentes procedemos de un sistema 23educativo consecuencia de la Ley de Instrucción Pública de 9 de setiembre de 1857, en vigor hasta 1970. Muchos de nosotros fuimos formados mediante clases teóricas, ¡y aquí estamos! De hecho, una mayoría “contamos” las cosas bien, incluso brillantemente. Pero esa metodología ya no funciona, y lo sabemos, porque los estudiantes no nos escuchan. Podemos ser los mejores jugadores de mus de Cantabria pero si hay nadie en el bar con quien jugar la partida, no tendremos la ocasión de demostrarlo. Es lo que ocurre a los profesores cuando insisten en aplicar una metodología basada en hablar, hablar y hablar hasta la extenuación. Ese planteamiento no es eficaz hoy en día. ¡Los alumnos no están allí para aprender!

 

Rodrigo González, en su último post publicado en este e zine el pasado 7 de marzo, Nativos digitales, describe brillantemente el perfil de los jóvenes de hoy, grupo al que pertenecen algunos de los matriculados en Decroly, tanto en formación profesional inicial como en las acciones formativas y cursos de formación profesional para el empleo. Hemos de prestar atención a esta realidad sociológica. En Decroly lo hacemos permanentemente. Aún así, es conveniente no bajar la guardia. Ello solamente es posible a través de un cambio permanente de metodologías, entre las que se encuentra la coasociación que inspira Marc Prensky en “Enseñar a nativos digitales”. ¿Cómo hacerlo? That is the questión! Aquellos profesionales docentes que vivan esta profesión con pasión encontrarán la respuesta más fácilmente.

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Finalmente, mi aportación de hoy va dirigida a reflexionar sobre tres cuestiones evidentes que no siempre son tenidas en cuenta. En primer lugar, nuestros alumnos de hoy son distintos, diferentes de los de ayer, en gran parte como consecuencia de las tecnologías a la que tienen acceso fuera del entorno escolar. Como consecuencia de ello, su satisfacción decae cuando el centro educativo no actúa de acuerdo con el mundo real en el que viven. En segundo lugar, la pedagogía basada en lecciones magistrales y hacer exámenes, se ha tornado obsoleta e ineficaz con el alumnado. Es preciso, por tanto, incorporar nuevos métodos que dirijan el foco a la figura del alumno –sus intereses, emociones, demandas, circunstancias personales y sociales- y su aprendizaje. Finalmente, la tecnología digital que se ha incorporado progresivamente en nuestra aulas, usada correctamente, ha de convertirse en un instrumento valioso para hacer el aprendizaje atractivo y útil, además de conectado a la realidad en que viven nuestros alumnos en su entorno familiar y personal.

 

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La generación actual se encuentra madura para asumir métodos de enseñanza basados en la adquisición y desarrollo de habilidades y en hacer, más que en escuchar, a través de la interacción que facilita, entre otros, los medios tecnológicos que hoy se encuentran generalizados en el entorno escolar y fuera de él. Seamos valientes y prescindamos del miedo que, en no pocas ocasionas, nos invade el cambio al que nos vemos avocados.

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