La evaluación del alumnado se adapta a las circunstancias escolares sobrevenidas causadas por la pandemia del Covid-19

La inmediatez con la que debemos actuar, surgida por la circunstancia educativa extraordinaria iniciada el pasado 16 de marzo, fecha de entrada en vigor de la suspensión de la actividad académica presencial en todos los centros escolares, nos obliga a reaccionar con prontitud a través de planteamientos educativos vía teleformación para garantizar la continuidad del aprendizaje y de la evaluación de los estudiantes.

Uno de los procesos esenciales de la actividad académica en los centros escolares es la evaluación del alumnado. En Decroly seguimos las pautas establecidas en las Instrucciones sobre el progreso en los aprendizajes en los centros, desarrollo de la evaluación y de los módulos de Formación en Centros de Trabajo y de Proyecto, de 2 de abril de 2020, dictadas por Ricardo Lombera, director general de Formación Profesional y Educación Permanente de la Consejería de Educación Formación Profesional y Turismo del Gobierno de Cantabria.

Cierto es también que, en su presentación preliminar, el director general señala que ese documento (Instrucciones…) “se irá actualizando según el Ministerio de Educación y Formación Profesional nos vaya enviando documentación o se vayan tomando decisiones. Recordad que, de aquí al 11 de abril, todavía tendremos varias reuniones de coordinación entre el Ministerio y las Comunidades Autónomas”.

Por lo que a Decroly respecta, el jefe de estudios, Pedro Cuesta, remitió ese mismo día por la tarde un escrito a todo el claustro adjuntando el texto legal publicado por la mañana con un amplio resumen de las directrices previamente debatidas en la reunión virtual del equipo directivo celebrada horas antes. A mayor abundamiento, este director subió a este blog las INSTRUCCIONES DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE FP SOBRE APRENDIZAJE, EVALUACIÓN, FCT Y PROYECTO, el lunes 6 de abril, abundando sobre el contenido de las precitadas normas.

En el estrecho margen de los tres días, 6, 7 y 8 de abril, previos al inicio de las vacaciones de Semana Santa, los departamentos y equipos docentes han intensificado su desempeño colaborativo, en equipo, para acordar los necesarios criterios de actuación para reorganizar programaciones didácticas y dar cobertura a las disposiciones dictadas por la dirección general de Formación Profesional y Educación Permanente. Todo ello, sin embargo, teniendo en cuenta futuras indicaciones de la Consejería de Educación que están pendientes de notificar a los centros.

Por otro lado, Decroly ha debatido intensamente varios asuntos que las instrucciones dejan, inicialmente, a discreción de los centros, entiendo yo. Me refiero, por ejemplo, a la disposición IV-5 referida a “…revisión de los criterios de evaluación y calificación, informando debidamente al alumnado y sus familias de estas decisiones”; a la evaluación del módulo resultante de la integración de los módulos Proyecto y Formación en Centros de Trabajo (FCT), apartados V-2, Grado Superior y V-3, Grado Medio; “…la adaptación a las circunstancias… por parte de las administraciones y los centros, garantizando siempre la titulación del alumnado mediante la superación del módulo integrado FCT-Proyecto” (V-4); a la evaluación final del curso… En este sentido, Decroly considera que cualquier regulación de la Consejería en esta materia debe tener carácter de recomendación.

Para concluir este post voy a añadir tres entradas referidas a la evaluación del alumnado, publicadas en 2014 y 2016, en las que contemplo un amplio abanico de tareas acordes con las tesis de innumerables expertos del sector educativo.

La autoevaluación y coevaluación del alumnado pide paso en Decroly
Fco Javier Muñiz Bárcena
Martes, 11 de octubre de 2016

En la reunión del equipo directivo de Decroly el pasado martes se suscitó un debate propiciado por una reflexión mía en relación con los criterios de evaluación de la práctica docente, de la ejecución de los procesos de enseñanza – aprendizaje y de los subsiguientes resultados referidos a conocimientos y competencias clave, profesionales y transversales de los alumnos

La discusión se centró en las distintas concepciones sostenidas por reconocidos pedagogos y especialistas contemporáneos y en la experiencia práctica de profesionales docentes de los centros más innovadores del momento en materia de educación y formación. Unos y otros proponen interesantes ideas a través de publicaciones de innumerables trabajos e informes contrastados. A título de ejemplo, con carácter relacional, destaco la evaluación inicial o de diagnóstico, formativa, sumativa y tipológica. Esta última, objeto de discusión en la reunión del equipo directivo del día 4, contempla procesos de autoevaluación, coevaluación y/o heteroevaluación como describiré más adelante.

La contraposición a estas tendencias innovadoras se mantiene en las tradicionales, y, en mi opinión, excesivamente monolíticas estrategias de evaluación. Aquellas se centran, fundamentalmente, en la valoración de la adquisición de conocimientos y, en el mejor de los casos, de competencias clave y profesionales de los alumnos. Se efectúa por el profesorado exclusivamente. Es la denominada por algunos expertos la heteroevaluación, obviando otros recursos posibles y convenientes, en virtud del perfil de nuestro alumnado, como son la autoevaluación o la coevaluación.

Vaya por delante que Decroly ha desalojado de su argumentario pedagógico las ancestrales metodologías de enseñanza aprendizaje sustituyéndolas por otras acordes con los alumnos y ciudadanos, en general, que pueblan sus aulas en el umbral de la era digital. Si bien, el camino ha sido largo, y no exento de resistencias y dificultades propiciadas por diversos actores entre los que se sitúa una parte del profesorado y del alumnado. Tal vez, esa realidad sea consecuencia de su propia formación, en los primeros, y de las influencias de aquel tipo de metodologías y procesos obsoletos, aún vigentes en muchos centros de primaria y de secundaria, en los segundos.

La evaluación académica, igual que la de cualquier otro ámbito profesional, empresarial o social, contempla criterios de aseguramiento de la calidad, como los establecidos y referenciados por las principales compañías mundiales de acreditación, certificación, validación, verificación y formación a través de una amplia gama de líneas y esquemas, cual es el caso de la ISO 9001-2008. Decroly se ha posicionado desde su fundación en 1978 en un escenario de mejora continua en materia de innovación tecnológica y pedagógica. Por otro lado, su compromiso con una estrategia de aseguramiento de la calidad educativa se somete a una periódica evaluación y certificación por LLOYD´S Register Quality Assurance en la norma precitada.

Esta evidencia y autoexigencia conlleva un compromiso permanente para repensar todo tipo de procedimientos y procesos educativos colegiadamente por todos los sectores de la comunidad educativa decroliana, además del profesorado. La evaluación del alumnado, en el más amplio sentido de la palabra –además de las áreas del conocimiento-, es un elemento esencial del proceso de enseñanza aprendizaje en clave de desarrollo personal, educativo, profesional y emocional.

El concepto de evaluación educativa es muy amplio, discutible y muy propicio para la controversia. Sin embargo, este proceso continuo y formativo, a su vez, constituye un apartado determinante en el ámbito educativo.

Yo he dedicado mucho tiempo a reflexionar sobre este asunto y me he permitido subir posts con mis opiniones sobre el particular. Es el caso de Evaluación del proceso enseñanza – aprendizaje (I), publicado el 17 enero de 2014 y de Evaluación del proceso enseñanza – aprendizaje (II), de 11 febrero de 2014. Dicho sea de paso, elijo estos artículos para marcar una cierta distancia con el debate del martes pasado en el equipo directivo, sin que ello sea óbice para considerar otras entradas producidas con frecuente periodicidad desde entonces.

Invito al claustro de Decroly, y a cuantos otros profesionales de la docencia se sientan atraídos por el tema de la evaluación, a leer ambas entradas y otras relacionadas en los susodichos escritos. Me he permitido seleccionar un texto extraído de un párrafo del segundo de los mencionados documentos. Dice así: ….”otorgamos un enorme valor a la evaluación inicial o de diagnóstico; a la evaluación formativa, presente a diario en cada actuación pedagógica y metodológica de todos los implicados en el proceso de enseñanza – aprendizaje; a la evaluación sumativa, aplicada para certificar los logros al final del proceso en el tiempo –trimestral o final- y a la evaluación tipológica, contemplando procesos de autoevaluación, coevaluación y/o heteroevaluación”.

Permitidme reiterar, con carácter preliminar a mis comentarios posteriores, que la evaluación académica forma parte del proceso de formación integral y de valoración del rendimiento educativo de cada estudiante. Debe realizarse a partir del proyecto educativo (PE), de la programación general anual (PGA), de las programaciones didácticas (PD) y de cuantas otras connotaciones contribuyan a definir el modelo pedagógico y los criterios definidos en los estándares de calidad de Decroly. Ahora bien, y enlazo con el párrafo anterior, ¿estamos contemplando todas las facetas de la evaluación educativa con la adecuada ponderación? Esa era la reflexión que yo auspiciaba en el equipo directivo y que traslado a toda la comunidad educativa decroliana.

Centremos el foco en la evaluación tipológica, sin que ello excluya un ápice otros tipos de evaluación precitados (inicial o de diagnóstico, formativa, sumativa). Pocas veces, creo yo, contemplamos la evaluación desde una perspectiva distinta de la del docente. Y es aquí donde quiero poner el acento de esta entrada. ¿Pueden tener un protagonismo ponderado otros agentes evaluadores (los alumnos)? Yo, defiendo con firmes convicciones esta posibilidad. No en vano mi experiencia profesional en ese sentido es abrumadoramente positiva.

Si comenzamos por la heteroevaluación –la más habitual y convencional- podemos convenir que es aquella en la que, exclusivamente, el profesor evalúa los resultados del alumno. El profesor diseña, planifica, implementa y aplica la evaluación y el estudiante es el sujeto paciente que se limita a responder lo que se le pregunta para demostrar sus conocimientos y competencias. Este recurso permite al estudiante y al docente:

  • Identificar carencias o “puntos flojos” que es necesario reforzar antes de seguir adelante con el programa.
  • Evitar repeticiones innecesarias de objetivos que ya han sido alcanzados.
  • Dar soporte para la planificación de objetivos reales, adecuados a las necesidades e intereses de cada estudiante y del grupo.
  • Trabajar en el diseño de actividades de refuerzo, destinadas al grupo o a los individuos que lo requieran.

Mediante la autoevaluación es el propio alumno evaluado quien pone en valor su propio desempeño. Esa responsabilidad acredita a cada discente para juzgar sus propias posibilidades, detectar sus limitaciones y decidir los cambios precisos para mejorar su aprendizaje. La autoevaluación permite al estudiante además:

  • Emitir juicios de valor sobre sí mismo en función de ciertos criterios de evaluación o indicadores previamente establecidos.
  • Estimular la retroalimentación constante de sí mismo y de otras personas para mejorar su proceso de aprendizaje.
  • Participar de una manera crítica en la construcción de su aprendizaje.

La coevaluación se realiza por el grupo de alumnos. Este instrumento facilita un proceso de valoración conjunta realizado por todos ellos sobre la actuación de cada uno sus integrantes, contemplando criterios de evaluación o indicadores establecidos previamente por consenso. La coevaluación posibilita al alumno y al docente:

  • Identificar los logros personales y grupales.
  • Fomentar la participación, reflexión y crítica constructiva ante situaciones de aprendizaje.
  • Opinar sobre su actuación dentro del grupo.
  • Desarrollar actitudes que se orienten hacia la integración del grupo.
  • Mejorar su responsabilidad e identificación con el trabajo.
  • Emitir juicios valorativos acerca de otros en un ambiente de libertad, compromiso y responsabilidad.

En una publicación en internet atribuida a la Universidad Santo Tomás de Aquino (USTA) de Bogotá encontré un texto muy interesante para definir la evaluación y que suscribo sin reserva alguna. Decía así:

La evaluación acompaña todo el proceso de enseñanza y aprendizaje, no con el propósito de excluir, sino de promover. Se valoran los logros de aprendizaje con el objeto de que los estudiantes se hagan cargo de su propio ascenso en el desarrollo de competencias, de acuerdo con los estándares, que impone el currículo, en función de la formación integral”.

Y añadía, a continuación: “la evaluación indica en qué sentido deben redireccionarse el proceso de enseñanza-aprendizaje y el tipo de interacción entre los sujetos del mismo: estudiantes-docentes- directivos-administrativos-mediaciones pedagógicas”.

Concluía el informe ese apartado enumerando algunos aspectos que considera preciso atender a la hora de evaluar. Destaco algunos que me sirven para fortalecer los argumentos en favor de la inclusión de la evaluación tipológica en su triple vertiente: heteroevaluación, autoevaluación y coevaluación.

En concreto, superar la evaluación burocrática vertical y preferir la evaluación participativa, con posibilidad de crítica de los estándares en juego; enfatizar en la progresividad, en la autoevaluación y coevaluación, la mejora continua y la resolución de problemas; generar nuevas propuestas de ayuda, refuerzo y superación como respuesta a los indicadores del proceso evaluativo; juzgar de manera más cualitativa que cuantitativa y priorizar logros finales integradores sobre momentos fallidos a lo largo del proceso de enseñanza aprendizaje me inspiran para potenciar un debate serio entre todo el claustro de profesores de Decroly para profundizar en un eclecticismo sistemático en los procesos de evaluación del alumnado.

Sirva esta entrada para retroalimentar criterios de evaluación innovadores que aportan una visión participativa de alumnos y profesores en la tarea de aprendizaje de los estudiantes y en la valoración de los resultados. Hoy, mi propuesta sugiere conceder un protagonismo ponderado a la autoevaluación y a la coevaluación para dar un paso hacia adelante en la pedagogía horizontal, participativa e innovadora que sostiene y fundamenta el carácter propio de Decroly.

Evaluación del proceso enseñanza – aprendizaje (II)
Fco. Javier Muñiz Bárcena
Martes, 11 de febrero de 2014

Existen múltiples tratados, estudios y trabajos de investigación relacionados con la evaluación educativa; sin duda, la experiencia acumulada de los profesionales docentes ayuda, también, a completar las diversas visiones que contribuyen a dar luz a uno de los elementos esenciales del proceso de enseñanza-aprendizaje

En Evaluación del proceso enseñanza – aprendizaje (I), publicado el 17 de enero pasado, centré mi presentación en el tratamiento que la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa (LOMCE) otorga a la evaluación en las diferentes etapas del sistema educativo no universitario. Con respecto a la Formación Profesional, etapa que más nos interesa a todos cuantos componemos la comunidad educativa de Decroly, la LOMCE se limita a determinar, en ¡ocho líneas de texto! una afirmación genérica sobre la evaluación por módulos o, en su caso, materias o bloques del aprendizaje del alumnado en los nuevos ciclos de Formación Profesional Básica y en los existentes de Grado Medio y Grado Superior.

En aquella entrada, apoyándome en una definición y un análisis del concepto de evaluación atribuido a los profesores Jesús M Jornet y Yolanda Edith Leyva, traté de acercar al lector a su significado apoyado en sus reflexiones y teorías. Afirmaba entonces que ello representa un reto permanente para los profesionales docentes, en general, y de Decroly en particular. Dejé constancia, también, de que la evaluación educativa debe contemplarse desde múltiples puntos de vista que se aproximen a tantas y tantas dimensiones troncales y transversales que inciden en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Eso sí, el conjunto del profesorado asume que el concepto de evaluación ha experimentado sustanciales transformaciones a lo largo de la reciente historia de la educación en España.

En Decroly, desde su creación en 1978, hemos sido actores principales de esa evolución conceptual de la evaluación. Hoy, nadie lo duda, la evaluación se encuentra entroncada en el proceso mismo de enseñanza – aprendizaje como un elemento clave que guía el desarrollo cotidiano de la acción educativa. Esta temática, como he reiterado en repetidas ocasiones, debe ser tratada desde un considerable número de criterios para, posteriormente, acotarla por los departamentos didácticos a la realidad del centro contemplada desde los ángulos más diversos.

En Decroly, un centro de Formación Profesional Inicial y para el Empleo, la casuística desborda cualquier tipo de previsión inicial. Dentro de los ámbitos en los que se circunscribe la acción educativa contemplamos prioritariamente la evaluación de las personas: alumnos, profesores, personal de administración y servicios (PAS), equipo directivo; también aquellas otras personas que influyen en nuestro quehacer cotidiano, como las pertenecientes al servicio de inspección, de centros u otras unidades de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte y de la Consejería de Economía, Hacienda y Empleo. Además, por supuesto, otorgamos un valor muy considerable a la evaluación inicial o de diagnóstico; la evaluación formativa, presente a diario en cada actuación pedagógica y metodológica de todos los implicados en el proceso de enseñanza – aprendizaje; la evaluación sumativa, aplicada para certificar los logros al final del proceso en el tiempo –trimestral o final-; la evaluación tipológica, contemplando procesos de autoevaluación, coevaluación y/o heteroevaluación.

Consideraos, igualmente, la etapa educativa –ciclos formativos, cursos ocupaciones para desempleados, acciones formativas para ocupados-, reflexionando sobre los programas de los respectivos planes y programas de estudio; la edad de los alumnos –adolescentes, jóvenes, adultos-; procedencia –españoles o extranjeros-; el nivel educativo inicial –afectado considerablemente por la flexibilidad de los requisitos de acceso a unos u otros ciclos, cursos y acciones formativas- y la realidad socioeconómica del alumnado; el formato educativo elegido –modalidad completa, parcial, modular, unidades formativas y régimen presencial o a distancia-;…

Muchos afamados pedagogos han escrito, y yo lo comparto plenamente, que el concepto moderno de evaluación debe considerar un elemento sustancial de mejora continua de los programas educativos; de la organización del trabajo en el aula y fuera del recinto escolar, en su caso; y de la utilización más idónea y eficiente de los recursos metodológicos por parte del profesorado. Se trata, por tanto, de considerar la evaluación como una parte estratégica del proceso educativo dinámico, continuo y sistemático que debe imperar en los centros, orientada a verificar el necesario cambio que ha de producirse en la actitud y rendimiento del alumnado. No se trata de evaluar por evaluar, sino de medir y comprobar la eficacia del proceso de enseñanza – aprendizaje. En su consecuencia, la evaluación debe entenderse, también, como un elemento clave que facilite el perfeccionamiento docente.

El objetivo principal de los programas educativos ha dejado de ser la simple transmisión de información y de conocimientos. En Decroly, alineados con los organismos internaciones, nacionales y locales más representativos del ámbito socioeconómico y educativo, se impulsan actuaciones orientadas a estimular capacidades que faciliten el autoaprendizaje (aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a emprender); a potenciar el desarrollo personal, a través de la adquisición de competencias clave, transversales, personales y sociales; a decantarnos por el cambio que facilite el logro de los resultados de aprendizaje previamente establecidos;… En Replantear la Educación, una entrada que publiqué en Decroly Digital el 27 noviembre de 2012, aludía en estas reflexiones.

Es preciso fortalecer el carácter propio decroliano, reforzando nuestro ideario pedagógico; personalizando y diferenciando el trabajo profesional, creativo, innovador y facilitador de los profesionales docentes. Hoy nadie discute que cada estudiante es una persona singular, con sus particularidades y circunstancias personales, familiares y sociales específicas, distintas de las que atesoran sus compañeros. A diferencia del modelo tradicional de evaluación, centrado en los resultados, el sistema educativo actual exige, además, una atención esmerada al alumno y a los procesos.

La evaluación no debe reducirse a una mera técnica o cuestión metodológica; más bien, por el contrario, tiene que orientar su foco hacia un conjunto de aspectos relacionados entre sí como son los objetivos, los métodos, el modelo pedagógico, los alumnos, la sociedad, el docente. La evaluación se convierte así en un instrumento que regula y controla la acción educativa; la relación de los alumnos con el conocimiento, de los profesores con los alumnos, de los alumnos entre sí, de los docentes y la familia;… el desarrollo e implementación de un modelo cooperativo del aprendizaje.

Si revisamos Evaluación del proceso enseñanza – aprendizaje (I) comprobaremos algunos aspectos de carácter general que contempla la recientemente aprobada Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa (LOMCE). Abordaba en aquella entrada, también, algunas cuestiones como ¿qué entendemos por evaluación? y ¿qué se evalúa o pretende evaluar? Hoy he descrito algunos aspectos a evaluar relacionados con los ámbitos y las finalidades de la valoración educativa; la evaluación como herramienta estratégica; evaluar para medir, para mejorar, para atender el talento individual y diverso de cada estudiante; evaluar para garantizar la cultura de la calidad en Decroly, en los centros educativos en general, para favorecer un aprendizaje más coherente con la presente realidad de un mercado de trabajo globalizado y las exigentes demandas y necesidades de la sociedad actual y futura; quien debe intervenir en la evaluación; en suma, tenemos que replantear los aspectos estrictamente formales de la educación y formación para modernizar los sistemas de calidad que favorezcan la mejora del rendimiento de los centros de formación profesional.

En Decroly seguiremos impulsando y fomentando el intercambio de experiencias, de materiales creativos e innovadores, de buenas prácticas pedagógicas y de aprendizaje; la equidad, la atención a la diversidad “por abajo y por arriba”, la igualdad de oportunidades; la participación de todos los estamentos de la comunidad educativa, sí todos, también el colectivo de estudiantes, en la toma de decisiones, otorgándoles protagonismo en la evaluación de todas las personas, recursos, actividades, programas, comportamientos, decisiones que se adopten en el centro, ¿por qué no?

¿Cómo, cuando, por qué evaluar? Ese reto lo debe determinar el conjunto de profesionales docentes de Decroly, en nuestro caso, con la parte alícuota de participación cooperativa reservada al conjunto del alumnado.

Otras entradas relacionadas:

  1. Cambiar para mejorar, 16 julio, 2013
  2. Presente y futuro de la FP en Decroly, 03 de mayo de 2013 (Incluye un listado de 30 enlaces a entradas relacionadas)
  3. El impacto de las inteligencias múltiples en la formación personalizada, 19 octubre de 2012
  4. El pensamiento pedagógico que orienta la praxis cotidiana en Decroly, 24 agosto de 2012
  5. Inteligencia Emocional, bestseller, 08 mayo de 2012
  6. Entusiasmo y pasión por el cambio educativo, 17 abril de 2012
  7. Profesionales docentes comprometidos, 03 abril de 2012
  8. La coasociación, un método para el cambio de modelo enseñanza-aprendizaje , 05 enero de 2012
  9. La integración de las TIC en Decroly , 15 noviembre de 2011
  10. A vueltas con las emociones en clave educativa, 18 octubre de 2011
  11. Refuerzo de nuestras señas de identidad, 16 septiembre de 2011
  12. Empatía, 08 septiembre de 2011
  13. Formación profesional acorde con las cualidades individuales, 25 agosto, 2011
  14. Diez competencias digitales básicas… ¡del profesor!, 18 agosto de 2011
  15. No hay opción alternativa, 26 julio de 2011
  16. Inteligencia emocional, 25 julio de 2011
  17. Personalización del aprendizaje, 21 julio de 2011
  18. El profesor facilitador: qué debe hacer y evitar, 15 febrero de 2011

Evaluación del proceso enseñanza – aprendizaje (I)
Fco. Javier Muñiz Bárcena
Viernes, 17 de enero de 2014

La evaluación educativa del proceso enseñanza aprendizaje exige una reflexión profunda de todo lo que rodea a esa responsabilidad que, por supuesto, abarca multitud de aspectos aparte de la mera evaluación sumativa –rendición de cuentas- del alumnado, actor principal en el proceso de aprendizaje, pero no el único, que padece las limitaciones del sistema entre las que figuran los recursos humanos y materiales de calidad suficiente para abordar esa tarea con posibilidades de éxito

La evaluación forma parte del proceso formativo de enseñanza – aprendizaje y debe contemplarse desde una óptica global. No es de recibo que esa práctica se centralice en exclusiva en la persona el alumno, muchas veces con el único fin de medir el logro de un objetivo, sin tener en cuenta las múltiples circunstancias que influyen en los resultados finales de aprendizaje y con un propósito fiscalizador más que formativo.

Poco se habla de la evaluación del proceso enseñanza – aprendizaje en los diferentes niveles educativos no universitarios en la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa (LOMCE) que acaba de entrar en vigor. Sin embargo, en aquellos ámbitos a los que alude, marca unas pautas que debemos contemplar los agentes que intervenimos en la educación y formación.

El apartado VIII del preámbulo se refiere a las evaluaciones externas (de ámbito nacional) e indica, entre otras cosas, que “estas pruebas tendrán un carácter formativo y de diagnóstico”. Además, y me parece importante resaltarlo, en línea con las que realiza la OCDE en el ámbito internacional, “se centran en el nivel de adquisición de las competencias”; estarán orientadas a “medir los resultados del proceso de aprendizaje” y “deberán excluir la posibilidad de cualquier tipo de adiestramiento para su superación.”

La LOMCE trata el tema de la evaluación, también, al referirse a las distintas etapas del sistema educativo. Así, el artículo 20 se centra en la Educación Primaria (EP) con afirmaciones como “la evaluación de los procesos de aprendizaje del alumnado será continua y global…”; “…se comprobará el grado de dominio de las destrezas, capacidades y habilidades en expresión y comprensión oral y escrita, cálculo y resolución de problemas….”; “se prestará especial atención durante la etapa a la atención personalizada de los alumnos y alumnas, la realización de diagnósticos precoces y el establecimiento de mecanismos de refuerzo para lograr el éxito escolar.”

Los artículos 28 y 29 los dedica la LOMCE a la evaluación de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y destaco de ambos dos aseveraciones: “la evaluación del proceso de aprendizaje del alumnado de la Educación Secundaria Obligatoria será continua, formativa e integradora”; y “con la finalidad de facilitar que todos los alumnos y alumnas logren los objetivos y alcancen el adecuado grado de adquisición de las competencias correspondientes, las Administraciones educativas establecerán medidas de refuerzo educativo, con especial atención a las necesidades específicas de apoyo educativo.”

Al referirse al Bachillerato, la LOMCE dedica el artículo 36 a la evaluación y promoción de los estudiantes. De nuevo, igual que en EP y en ESO no entra al detalle en los procesos, recursos o actores del sistema –alumnos y profesores, principalmente- con lo cual me limito a destacar la primera frase del punto 1 que dice: “la evaluación del aprendizaje del alumnado será continua y diferenciada según las distintas materias.”

En el caso de la Formación Profesional, la LOMCE dedica OCHO LÍNEAS a la evaluación, en el artículo 43. El apartado 1 dice: “la evaluación del aprendizaje del alumnado en los ciclos de Formación Profesional Básica y en los ciclos formativos de grado medio y superior se realizará por módulos profesionales y, en su caso, por materias o bloques, de acuerdo con las condiciones que el Gobierno determine reglamentariamente.” En el punto 2 concluye: “la superación de los ciclos de Formación Profesional Básica, de los ciclos formativos de grado medio y de los de grado superior requerirá la evaluación positiva en todos los módulos y en su caso materias y bloques que los componen.”

La evaluación en el proceso de enseñanza – aprendizaje aparece por vez primera en la Ley 14/1970, de 4 de agosto, General de Educación y Financiamiento de la Reforma Educativa, derogada en su totalidad por Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE). Hasta entonces, el sistema educativo carecía de una tradición en materia de evaluación educativa y de una cultura asentada en los actores principales del proceso educativo, bien directivos, profesores y alumnos.  Evaluación era un término ligado a los resultados obtenidos por el alumnado (evaluación sumativa).

A lo largo de estos últimos cuarenta y tres años el concepto de evaluación ha cambiado de forma sustancial y cualitativa. De hecho, hoy en día la evaluación se ha convertido en un elemento clave y esencial de todo el proceso de enseñanza – aprendizaje.

Pero, ¿Qué entendemos por evaluación? Existen innumerables definiciones que tratan de aproximarse, desde ángulos muy diversos, a un concepto actual en el que inciden multitud de variables. Permítaseme apuntar una del profesor de la Universidad de Valencia, Jesús M. Jornet Meliá, publicada en 2009. Se entiende por Evaluación…”un proceso sistemático de indagación y comprensión de la realidad educativa que pretende la emisión de un juicio de valor sobre la misma, orientado a la toma de decisiones y la mejora.”

Por otro lado, la psicóloga mejicana, doctora en investigación educativa, Yolanda Edith Leyva Barajas aporta, también, en un trabajo sobre Evaluación del Aprendizaje, publicado en marzo de 2010, un análisis de esta definición y subraya las siguientes particularidades:

  1. Se trata de un proceso sistemático, es decir, la evaluación debe ser un proceso racionalmente planificado como parte del desarrollo de la enseñanza, de forma que no debe entenderse como algo aislado, ni improvisado, ni desconectado del diseño y desarrollo de la docencia;
  2. de indagación y comprensión de la realidad educativa, en este sentido, el elemento fundamental radica en el acercamiento a la realidad para conocerla adecuadamente y comprenderla, de forma que no puede darse una evaluación de calidad si no se sustenta sobre un grado de comprensión suficiente de la situación educativa de lo evaluado;
  3. que pretende la emisión de un juicio de valor sobre la misma, basado en criterios objetivos u objetivables, se entiende que un elemento de objetivación imprescindible en el contexto de la evaluación educativa es el consenso intersubjetivo que pueden manifestar expertos en educación acerca de la calidad de los fenómenos educativos evaluados;
  4. orientado a la toma de decisiones, es la base necesaria para poder tomar decisiones –de cualquier tipo, sean de mejora (evaluación formativa) o de rendición de cuentas (evaluación sumativa);
  5. y la mejora sólo puede entenderse que una evaluación es de calidad si permite identificar no sólo los elementos que requieren mejora, sino el cómo dinamizar el proceso de mejora o innovación, es decir, el carácter formativo se identifica como un componente fundamental para cualquier evaluación.”

A todo lo anterior debemos añadir otras dimensiones transversales citadas por los expertos Jornet y Leyva antes citados. Algunas se concretan en el grado o nivel educativo, la edad de los estudiantes (adultos, adolescentes o niños); la modalidad ‐presencial, a distancia, teleformación, mixta‐;…

En fin, ¿Qué se evalúa o pretende evaluar? Las unidades identificables como referencia de los diversos procesos son:

  1. Las personas. En este epígrafe se pueden diferenciar evaluaciones referidas a alumnos o estudiantes –de cualquier nivel educativo, profesorado y figuras o agentes de la educación (directores escolares, coordinadores académicos, orientadores educativos, supervisores…).
  2. Las organizaciones educativas. Las cuales se pueden clasificar como formales (sistemas educativos, niveles y/o modalidades educativas, instituciones escolares –de educación básica, media superior o superior- y no formales (programas sociopolíticos de actuación formativa laboral, social, económica, empresarial), instituciones de formación para la empresa, entre otras.
  3. Los elementos materiales de la intervención educativa. Se incluyen aquí todos los elementos en que se materializa la organización educativa, tales como los proyectos educativos, los currícula o planes de estudio, programas de intervención educativa a cualquier nivel tanto del ámbito educativo como empresarial o social; y materiales educativos (libros de texto, fichas didácticas, material multimedia…).”

En una próxima entrada completaré este escrito con algunos aspectos relevantes de carácter general, como los concernientes a los ámbitos de la evaluación educativa –referidos a personas: alumnos, profesores, equipo directivo,…-; las finalidades de la evaluación –inicial o de diagnóstico; formativa, para la mejora e innovación de los programas educativos, de los procesos de aprendizaje y de las prácticas docentes; sumativa, para certificar el logro de objetivos o competencias- o la tipología de la evaluación del aprendizaje – autoevaluación, coevaluación, heteroevaluación-.

Ello, combinado con una reflexión  más particular sobre la evaluación del proceso de enseñanza – aprendizaje en Decroly, generará un fluido debate, estoy seguro, en la comunidad educativa decroliana, que contribuirá a mejorar en su conjunto el servicio educativo que proporcionamos a nuestro alumnado.

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