A vueltas con las emociones en clave educativa

Cuando el pasado 11 de mayo saltó la noticia de la concesión del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2011, en su XXXI edición, al profesor Howard Gardner de la Universidad de Harvard sentí una emoción especial porque su figura y su obra se debate y resalta en conferencias, jornadas y congresos del ámbito educativo ante el reto que representa la educación del siglo XXI

 

Mi frecuente participación en esos foros me ha despertado especial interés que cultivo y mantengo vivo ante el firme convencimiento de que su obra, Inteligencias1-fjm Múltiples, impregna cada día las salas de profesores, las aulas de los centros y las actuaciones pedagógicas de la inmensa mayoría de los profesionales docentes que cada día se enfrentan al reto que representa la educación y formación de ciudadanos del siglo XXI, de la era digital. Desde el punto de vista intelectual, nadie discute ya que la educación y formación que proveemos hoy, y que reforzaremos en el futuro, deberá centrarse en la figura del estudiante tanto para coadyuvarle a desarrollar esas inteligencias como a combinarlas y utilizarlas y, en todo caso, ayudarle a que las descubra.

 

Al reseñar en este blog el galardón otorgado a Gardner por la Fundación Premio Príncipe de Asturias en Mi crónica del 20 de mayo pasado, con la noticia Howard Gardner, premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales 2011, puse de manifiesto que Howard Gardner, su modelo de “escuela inteligente” y su teoría sobre las “inteligencias múltiples” engrosarían el elenco de obras y autores que influyen cada día en mi quehacer profesional. De hecho, días más tarde, el 24 de mayo, colgué el post Estudiantes del siglo XXI, en el que analizo el perfil de alumnos que pueblan nuestras aulas; el lenguaje digital imprescindible para intercomunicarnos alumnos y profesores; el impacto de las redes sociales y de las tecnologías de la información; la evidencia incontestable de que su atención dividida; sus expectativas individuales y sus capacidades personales que demandan una dedicación personalizada, para sacar el máximo rendimiento de sus inteligencias diversas.

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En Personalización del aprendizaje, publicado el 21 de julio, a la hora de citar personajes ilustres, incluyo, en primer lugar a Howard Gardner. Añado a Curtis W. Johnson, que aboga por una educación personalizada, a la carta; Eduardo Punset, que demanda un cambio en el sistema educativo que incluya el aprendizaje social y emocional; a Marc Prensnki, que introduce el término pasión por la misión de educar, entre las aportaciones del profesorado, y la de aprender y emprender en el alumnado, para abordar con éxito el futuro de una sociedad cuyo denominador común es la incertidumbre. Un tratamiento similar aporte en Empatía, el pasado 8 de setiembre, donde me centro en una de las dos habilidades de la inteligencia interpersonal, desgranado conceptos básicos reseñados tanto por Gardner como por Daniel Goleman y otros prestigiosos autores contemporáneos.

 

Hace unos días, por fin, he recibido el libro Inteligencias Múltiples, comprado a través de internet, después de pasar por distintas librerías de la ciudad y no encontrarse en existencias. Aproveché la circunstancia de esta compra electrónica para adquirir otros dos libros: Inteligencia emocional e Inteligencia social, ambos de Daniel Goleman (para ser sincero, compré un cuarto ¿Cuándo y cómo acabará la crisis?, de Ramón Tamames). De hecho, inicié este post pensando en la aportación de la inteligencia emocional al nuevo escenario creativo e innovador que subyace en un centro del siglo XXI, en el que se encuentra un alumnado tan distinto y diverso que demanda una atención personalizada. Fijémonos en Decroly, probablemente uno de los centros más multiculturales de la comunidad autónoma de Cantabria, por el significativo número de estudiantes extranjeros de ¡diecinueve nacionalidades

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Pero, en fin, volvamos al título de este post: A vueltas con las emociones. Realmente mi intención inicial consiste en recopilar un glosario explicativo sobre la inteligencia emocional más que entrar en disquisiciones sicológicas sobre las emociones. Por ello, he aquí unas pinceladas. Podemos definir la inteligencia emocional como la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos. Se atribuye la terminología a los psicólogos de la Universidad de Yale Peter Salovey y John Mayer. Si bien es cierto que la inteligencia emocional se basa en dos de las inteligencias múltiples de Gardner (interpersonal e intrapersonal) su difusión internacional se le atribuye a Daniel Goleman por sus libros Inteligencia emocional e Inteligencia social que he citado anteriormente. Goleman clasifica las habilidades prácticas de la inteligencia emocional en dos áreas:

1.    inteligencia intrapersonal, interna, de autoconocimiento

a.    la autoconciencia, capacidad de saber qué está  pasando en nuestro cuerpo y qué estamos sintiendo;

b.    el control emocional, capacidad de regular la manifestación de una emoción y/o modificar un estado anímico y su exteriorización;

c.    la capacidad de motivarse y motivar a los demás.

2.    inteligencia interpersonal, externa, de relación

a.    la empatía, capacidad de entender qué están sintiendo otras personas, ver cuestiones y situaciones desde su perspectiva y

b.    las habilidades sociales, aquellas que rodean la popularidad, el liderazgo y la eficacia interpersonal, y que pueden ser usadas para persuadir y dirigir, negociar y resolver disputas, para la cooperación y el trabajo en equipo. 

Es evidente que las cinco habilidades prácticas que caracterizan la inteligencia emocional deben formar parte, siquiera transversalmente, del proceso educativo y formativo en el aula porque su adquisición se me antoja esencial en los ciudadanos de hoy. Su consecución suaviza la ruta hacia el éxito personal y profesional.

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A mí no me cabe la menor duda que alcanzar estas habilidades prácticas favorece el bienestar psicológico, fundamental para el desarrollo armónico y equilibrado de nuestra personalidad. Favorece, asimismo, nuestro entusiasmo y motivación; contribuye a nuestra buena salud física; previene posibles enfermedades psíquicas, como la angustia, miedo, ansiedad, ira, irritabilidad,… y permite mejorar nuestras relaciones con las personas, en el área familiar-afectiva, social y laboral-profesional. En este último apartado, es relevante destacar su aportación a las relaciones con nuestros subordinados –liderazgo-, con nuestros superiores –adaptabilidad– o con nuestros pares –trabajo en equipo-. Las emociones, en suma, determinan cómo respondemos, nos comunicamos, nos comportamos y funcionamos en la escuela y/o en la empresa. En fin, ¡incorporemos estas cinco habilidades al currículo de todos los alumnos de Decroly, matriculados en PCPI, CFGM y CFGS! De igual manera, impregnemos de de esta “savia” tantas y tantas otras tareas transversales que cada día se suceden en nuestro centro.


Permítaseme, para concluir este post, hacer una apuesta por el equilibrio entre la vida personal, familiar, laboral y social para alcanzar el éxito y ¿por qué no decirlo?, la felicidad. A ello contribuye, sin duda alguna, la inteligencia social en su doble faceta intrapersonal e interpersonal. Tengamos presente también, la salud. Uneducar-a-tus-hijos concepto moderno de éxito pasa necesariamente por compensar el logro de los necesarios objetivos materiales para vivir dignamente con otros valores intangibles que contribuyen a afianzar nuestra estabilidad y desarrollo emocional. Me refiero al fortalecimiento de las relaciones y valores familiares; al control del estrés a través de un cuerpo sano y del ejercicio físico; a la participación activa en la sociedad o a la satisfacción de deseos altruistas y creativos.

 

Finalmente, sacada de un catálogo de frases célebres, elijo esta, de autoría anónima para proponer una reflexión: “El éxito no es para los que piensan que pueden hacer algo sino para quienes lo hacen.”

 

¡Si has leído este post, no dudes en escribir tus comentarios! Si no lo hicieras, don´t worry, just be happy!

Un comentario

  1. Creo que la autoconciencia es algo que nos lo va dando la edad. El control emocional depende de la forma de ser de cada uno, hay quien es tan transparente que para bien o para mal deja ver sus emociones y sin embago hay otros que se pasan la vida disimulando y sin dar a conocer sus verdaderas emociones. La capacidad de motivarse y motivar a los demás depende del día que tengas y de lo que los demás influyan, a veces tu motivación es alta y te echan un jarro de agua y se acabó la motivación, o al reves. La empatía solo se consigue cuando olvidas el egoismo personal y eso a algunas personas les resulta muy difícil. Las habilidades sociales dependen no solo de cómo es la persona, sino también, de cómo los demás vean a esa persona.

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