El profesor facilitador: qué debe hacer y evitar

A raíz de la proclamación del 2009 como Año Europeo de la Creatividad y la Innovación, Decroly ha intensificado la generalización del papel facilitador de sus profesionales docentes. Con ello, la entidad contribuye a la ampliación de las funciones pedagógicas de su profesorado para proporcionar un servicio educativo a los ciudadanos basado en un contrato no escrito que regula el compromiso colaborativo entre docentes y discentes.

 

Muchos de nosotros hemos realizado esfuerzos significativos en la producción y difusión de materiales creativos e innovadores, de utilidad colectiva en el proceso de enseñanza aprendizaje. Otra faceta que nos define se relaciona1-fjm1 con el impulso habitual que otorgamos al desarrollo de una carrera profesional competitiva para afrontar los retos y desafíos de la sociedad del conocimiento.

 

También, desde el equipo directivo, la comisión de coordinación pedagógica y el propio claustro de profesores hemos concretado, en no pocas ocasiones, planteamientos orientados a desarrollar criterios metodológicos para perfilar un papel de los profesionales docentes más facilitador que informador. Estas actuaciones han sido posibles gracias a un compromiso generalizado, sin fisuras, del profesorado  en materia de formación y desarrollo profesional permanentes.

 

En cualquier caso, en mi opinión, un eclecticismo pedagógico puede ser siempre muy recomendable, para evitar posturas monolíticas poco recomendables. “No todo en la vida es de un color o de otro, miren sino el arco iris”, decía Paulo Coelho. A título de ejemplo, y entre muchos otros posibles defendidos por innumerables e insignes pedagogos, me permito citar un aspecto que defendía el ruso Lev Vigotsky, en su teoría basada en el aprendizaje sociocultural. Me refiero al papel que debe asumir todo docente como líder y director del proceso de aprendizaje de sus alumnos teniendo en cuenta el contexto familiar y social de cada uno de ellos.

 

Hoy, sin embargo, voy a prestar atención a doce principios o normas considerados básicos para el ejercicio de la actividad docente que caracterizan al denominado profesor facilitador.

 

1.    Centra su actividad en el alumno y en el aprendizaje

2.    Trabaja en equipo con los demás docentes

3.    Actúa como mediador, coordinador, guía

4.    Atiende a la diversidad y fomenta el aprendizaje cooperativo

5.    Asume la realidad de sus alumnos y genera una empatía para la construcción del conocimiento

6.    Busca el porqué de las cosas

7.    Genera un dinamismo que progresa hacia la consecución de las competencias

8.    Integra las tecnologías de la comunicación y de la comunicación (TIC) en la práctica docente diaria

9.    Fomenta la cultura activa y participativa en la construcción y evaluación de su aprendizaje

10. Muestra una actitud de aprendizaje permanente

11. Predica y facilita el aprendizaje con el ejemplo

12. Autoevalúa y documenta su práctica docente

 

Introducción

 

La elaboración de artículos y documentos varios de información y orientación educativa ha ocupado periódicamente, también, a muchos de los profesionales docentes de Decroly, guiados por el ánimo de comentar y divulgar experiencias sobre realidades pedagógicas creativas e innovadoras en el contexto de su cotidiana actividad profesional.

 

Este impulso de nuestra cultura corporativa diferenciadora, singular, productiva, estimulante, que potencia la autoestima y espíritu de mejora continua de los decrolianos, germina día a día, suscitando propuestas de participación y cooperación que nos ayudan a concretar actuaciones. Así, recientemente, a mi sugerencia de constituir el embrión de lo que podríamos denominar un departamento – comisión- de innovación, varios profesores han reaccionado positivamente, dando un paso al frente y presentándome iniciativas puntuales, muy valiosas.

 

A las conversaciones iniciales mantenidas con Pedro cuesta, Maite Muñiz, Antonio Medrano, Sergio Ibáñez y Rodrigo González han seguido debates telemáticos, primero, y aportaciones concretas después. Destaco sendas sugerencias de Sergio Ibáñez y Rodrigo González de establecer metas concretas, claras y posibles en materia de innovación, por un lado, y de elaborar un repertorio de “buenas prácticas docentes”, que recoja las experiencias educativas que hayamos vivido cada uno de nosotros, con resultado favorable contrastado, por otro.

 

Además, la visualización de la página web de  HETEL –Asociación de Centros de FP del País Vasco– y, más concretamente, su apartado proyectos, me ha facilitado la elaboración del trabajo que hoy os presento, por otro lado, basado esencialmente en otro publicado por HETEL en 2007, con el título de Guía de Actuación en el Aula.

 

Deseo que la extensión de este documento no sea obstáculo para que su lectura genere en todos vosotros una reflexión constructiva y dinámica que aporte valor e ideas susceptibles de ser aplicadas en el aula. Por otro lado, aspiro a que este trabajo enriquezca a toda la comunidad educativa decroliana con vuestros comentarios.

 

El profesor facilitador es aquel cuya tarea fundamental consiste en guiar y ayudar a sus alumnos a conseguir sus objetivos y a alcanzar aquellos resultados  de aprendizaje, previamente determinados, en forma de competencias básicas, personales, sociales y profesionales.

 

Ser profesor facilitador o profesor guía es más difícil que ser un profesor tradicional. Añadir ese rasgo diferenciador al papel estándar del profesional docente exige más tiempo, dedicación y compromiso con su alumnado. Asimismo, ser alumno en este contexto entraña, igualmente, una mayor dificultad. Es preciso que el alumno aporte, asimismo, responsabilidad, iniciativa, autodisciplina, esfuerzo y trabajo colaborativo para aprender, prescindiendo de la tradicional actitud, muchas veces pasiva, de mero receptor de contenidos.

                                                                            

Con un planteamiento de este tipo, la diferencia fundamental para el estudiante y para el profesor es que el proceso de enseñanza aprendizaje resulta más entretenido, interesante, atrayente, beneficioso y eficaz. Los alumnos trabajan en pequeños grupos en actividades que ellos mismos han ayudado a escoger y diseñar. El profesor facilitador reconoce necesidades de los estudiantes, tales como sentirse seguros en el grupo, apreciar sus intereses o valorar su trabajo colaborativo colectivo. En definitiva, el estudiante participa activamente en la toma de decisiones relativas al proceso de enseñanza aprendizaje que le afecta.

 

Veamos, a continuación, los doce principios básicos del profesor facilitador:

 

1.    Centra su actividad en el alumno y en el aprendizaje

 

   El profesor – facilitador utiliza una metodología en la que el alumno es el protagonista de su propio aprendizaje. Evita, por tanto, las clases magistrales en las que las explicaciones ocupan la mayor parte del tiempo, hablando el profesor y escuchando los alumnos, pasivamente.

   Para ello:

 

      Diagnostica las ideas y conocimientos previos o el estado de base en el ámbito de una materia o módulo. Si es necesario, adapta las unidades didácticas iniciales

      Desarrolla cuestionarios de evaluación y actividades de inicio motivadoras (realiza fichas de autoevaluación que permitan al alumno darse cuenta de su punto de partida)

      Sabe distinguir los elementos clave y los contenidos mínimos en los objetivos de aprendizaje

      Realiza seguimiento individual y grupal  por medio de fichas de consecución de resultados

      Utiliza a unos alumnos como tutores de otros

      Elabora estrategias de Webquest y de e-learning, de dificultad progresiva, que los alumnos sean capaces de realizar en cada momento

 

2.    Trabaja en equipo con los demás docentes

 

   El profesor – facilitador participa cooperativamente con el equipo docente asumiendo una función coeducadora. Evita, por tanto, trabajar aislado, preocupado y ocupado exclusivamente en su materia o módulo. Sí, a la colaboración coeducadora con el equipo docente; no, a la tradicional actuación individualista basada en el principio, hoy obsoleto, de  “cada maestrillo con su librillo”.

   Para ello:

 

      Elabora unidades didácticas mixtas en las que participen dos o más profesores

      Realiza proyectos comunes de más de una asignatura o módulo

      Promueve reuniones interdepartamentales

      Favorece proyectos interdisciplinares

      Confecciona fichas de evaluación de logros comunes a varias asignaturas por objetivos

      Propicia la recogida de datos entre varios profesores y la toma de decisiones conjuntas

      Controla las técnicas de estudio para su aplicación en varias materias o módulos (prácticas comunes de técnicas de síntesis, por ejemplo)

      Incorpora a la práctica docente técnicas de caso (aplicado en varias asignaturas para distintos enfoques interdisciplinares)

 

3.    Actúa como mediador, coordinador, guía

 

   El profesor – facilitador se convierte en mediador entre la información y el conocimiento (facilitador). Evita, por tanto, ser mero transmisor de conocimiento.

   Para ello:

 

      Utiliza una gran cantidad de tiempo en apoyar a los alumnos para que se organicen en la recopilación, análisis e interpretación de la información, por medio de metodologías como la investigación documental, Webquest, etc.

      Promueve la búsqueda de información en los medios de comunicación (incluida Internet)

      Facilita listas de recursos y guiones de trabajo en grupo

      Impulsa la elaboración por los alumnos de mapas conceptuales que puedan integrarse en otros mayores y que cada grupo elabore una parte hasta llegar al total (trabajo desde los grupos, mapa gigante, sopas de conocimientos, paneles de información que se realizan en clase…)

 

4.    Atiende a la diversidad y fomenta el aprendizaje cooperativo

 

   El profesor – facilitador fomenta el trabajo en equipo atendiendo a los distintos estilos y ritmos de aprendizaje de sus alumnos. Trabaja con el alumnado en grupos, respetando la individualidad y el contexto sociocultural de los estudiantes. Asimismo, considera colaborativo el hecho de aprender, es decir, potencia estrategias que permitan a los alumnos acceder al conocimiento y construirlo junto con sus compañeros. Evita, por tanto, permitir el reparto de tareas entre los distintos componentes del equipo, que se resuelva con un “collage” final de las diversas partes desarrolladas de forma individual y romper los grupos cuando vea que el primer trabajo no está funcionando, sin dar la oportunidad a los alumnos de que reconduzcan la situación en base a los resultados y planes de mejora. Evita, además, rechazar el trabajo en grupo porque sólo aprenden los alumnos más aventajados y potenciar tareas que se realicen individualmente, aunque el aprendizaje sea un hecho individual.

   Para ello:

 

      Crea y dinamiza grupos de trabajo como en el marco de la metodología PBL – ABP (Problem Based Learning o Aprendizaje Basado en Problemas), teniendo en cuenta, al crearlos, los estilos de aprendizaje o, en general, la utilización de técnicas didácticas que potencien el trabajo colaborativo (organizarse en grupos de trabajo, dinámica de grupos, evaluación teniendo en cuenta la opinión de los demás componentes del grupo,…)

      Favorece la elaboración de un “contrato de grupo” (reglas para la autorregulación del trabajo y comportamiento de los componentes del grupo)

      Adquiere recursos para ayudar a los grupos de trabajo a superar sus dificultades y a avanzar cuando llegan a “cuellos de botella” en su aprendizaje o en sus relaciones

      Potencia la utilización de técnicas de tipo creativo (lluvia de ideas, manejo de documentación,…)

      Realiza actividades programadas a distintos niveles de conocimiento

 

5.    Asume la realidad de sus alumnos y genera una empatía para la construcción del conocimiento

 

   El profesor – facilitador parte de situaciones reales o cercanas al alumno que puedan motivarle a hacer del aprendizaje una necesidad. El aprendizaje relevante, permanece. Evita, por tanto, saturar la materia de contenidos suponiendo que al alumnado le podrán ser útiles algún día en su vida profesional. Lo que se aprende sin interés se olvida fácilmente.

   Para ello:

 

      Promueve e impulsa la investigación

      Utiliza la metodología PBL – ABP (Problem Based Learning o Aprendizaje Basado en Problemas), a partir de problemas de la vida real, proyectos, investigación documental…

      Fomenta la utilización de Internet y las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC)

 

6.    Busca el porqué de las cosas

 

   El profesor – facilitador desarrolla situaciones de aprendizaje que desafíen las habilidades del pensamiento crítico de su alumnado. Evita, por tanto, considerar al alumnado como un mero receptor pasivo de conocimientos.

   Para ello:

 

      Estimula la aparición de dudas mediante el uso de preguntas frecuentes, el planteamiento de hipótesis y estrategias de pensamiento paradójico

      Fomenta la participación activa, mediante la búsqueda de comentarios

      Incita a dar opiniones, a la toma de decisiones y de acuerdos consensuados, a la realización de encuestas de opinión y autoevaluaciones de grupo, etc.

      Facilita distintos foros de debate y grupos de discusión

 

7.    Genera un dinamismo que progresa hacia la consecución de las competencias

 

   El profesor – facilitador utiliza distintas técnicas didácticas que permitan evaluar los conceptos, actitudes y procedimientos. Valora el proceso de trabajo en su evolución y que el alumno aprenda tanto de los errores cometidos como de los resultados que obtiene. Evita, por tanto, realizar una evaluación centrada en la memorización de conceptos y convertir el examen en un punto crítico que pondrá a cada uno en su lugar.

   Para ello:

 

      Presenta de forma clara y sistemática, al inicio de cada unidad didáctica, los objetivos a conseguir y el sistema de evaluación que se va a utilizar

      Plantea la asignatura o módulo de forma que el alumno pueda conseguir puntos adicionales con actividades extras, actitudes positivas, etc.

      Realiza simulaciones de exámenes a modo de ejercicios, donde los alumnos se autocorrigen y aprenden de los errores (evaluación formativa)

 

8.    Integra las tecnologías de la comunicación y de la comunicación (TIC) en la práctica docente diaria

 

   El profesor – facilitador posee una actitud positiva ante la integración de nuevos medios tecnológicos en la innovación del proceso de enseñanza-aprendizaje, buscando una mejora de la práctica educativa. Evita, por tanto, rechazar los medios tecnológicos como un elemento más del diseño curricular o convertirlo en un fin absoluto.

   Para ello:

 

      Selecciona y utiliza recursos educativos disponibles en la Red

      Aprovecha los muchos recursos comunicativos de Internet (web 2.0.), que tienen como objetivo la construcción de conocimiento (wiki, blog…)

      Utiliza herramientas de autor como por ejemplo Hot Potatoes,…

      Integra la pizarra digital, el ordenador, la videoconferencia … en el proceso de aprendizaje

      Intercala métodos, usando las TIC con otros más tradicionales (Webquest, caza del tesoro, etc.)

 

9.    Fomenta la cultura activa y participativa en la construcción y evaluación de su aprendizaje

 

   El profesor – facilitador permite que el alumnado participe en la planificación del aprendizaje y en su evaluación (autoevaluación, coevaluación). Mantiene un feedback constante con los alumnos sobre los contenidos que trabajan y sobre la manera de trabajarlos, para ir reconduciendo el grupo hacia los objetivos y resultados perseguidos. Evita, por tanto, imponer decisiones en las que el alumnado no ha tenido la oportunidad de participar.

   Para ello:

 

      Presenta de forma clara y sistemática, al inicio de cada unidad didáctica, los objetivos a conseguir y el sistema de evaluación que se va a utilizar

      Define objetivos y metas, compartiéndolos y “negociándolos” con los alumnos

      Promueve procesos de autoevaluación del alumnado

 

10. Muestra una actitud de aprendizaje permanente

 

   El profesor – facilitador reconoce con naturalidad que no sabe o no conoce algunas cosas que los alumnos le plantean y diseña una estrategia para aprender junto con ellos. Evita, por tanto, demostrar en todo momento que sabe mucho más que sus alumnos.

   Para ello:

 

      Conciencia al alumnado sobre la responsabilidad compartida del aprendizaje

      Muestra al alumnado las pautas que se utilizan para aprender sobre lo que no sabemos: cómo buscamos la información (fuentes y pautas de información); cómo identificamos toda la información posible y, en caso de que sea abundante, con aquella que resulta relevante (pautas para concretar lo que nos interesa); cómo relacionamos y situamos el conocimiento adquirido en nuestro fondo cognitivo y cómo autoevaluamos lo aprendido.

 

11. Predica y facilita el aprendizaje con el ejemplo

 

    El profesor – facilitador es consciente de su impacto personal y de las posibilidades de identificación con él del alumnado. Está atento a los valores que transmite en su actuación dentro y fuera del aula (ya que sí es uno de los modelos de conducta para sus alumnos). Evita, por tanto,  pensar que su influencia en el alumnado es mínima o nula.

   Para ello:

 

      Da ejemplo y valora la curiosidad y el interés del alumnado por conocer y mejorar

 

12. Autoevalúa y documenta su práctica docente

 

   El profesor – facilitador experimentar, evalúa y reconduce su práctica educativa (ejerce la autocrítica) y documenta lo que hace. Evita, por tanto, pensar que todo lo hace bien, que hay una única forma de hacer las cosas y que a él no le controla nadie.

   Para ello:

 

      Revisa las unidades didácticas y programaciones

      Identifica y aplica áreas de mejora

      Realiza un seguimiento de las unidades didácticas (hoja de seguimiento)

      Participa en reuniones de departamento y de equipo donde se plantean áreas de mejora para cada materia o módulo y para el programa o ciclo

      Analiza resultados académicos, encuestas,…

      Prueba, experimenta y evalúa nuevas metodologías en el aula

      Documenta lo que realiza con sus alumnos

      Acude a empresas para observar y transmitir luego lo aprendido (“profesor sombra” que acompaña a algún profesional de la empresa en su labor diaria, durante su estancia en éstas)

 

Concluyo con una manifestación expresa de estímulo a todos los profesionales docentes para favorecer prácticas pedagógicas innovadoras acordes con las circunstancias socioculturales de los alumnos que vienen a nuestras aulas. Evitemos excusas de limitación de recursos humanos y materiales. Veamos, con optimismo, el vaso medio lleno, no medio vacío. Demos la batalla definitiva a la obsolescencia pedagógica y al aburrimiento de nuestros alumnos en las aulas.

 

Para finalizar este escrito he elegido dos frases maravillosas, entre tantas y tantas, que aluden a esta singular profesión. Una, del escritor inglés Clive Staples Lewis (1898-1963) “La tarea del educador moderno no es podar las selvas, sino regar los desiertos”. Otra, de John Dewey (1859-1952), uno de los padres de la pedagogía moderna que más me han influenciado profesionalmente “Si enseñamos a los estudiantes de hoy como enseñamos ayer, les estamos robando el mañana”.













2 comentarios

  1. Otra frase: El mejor profesor será, no el que haga aprender la lección a sus alumnos, sino el que despierte en ellos la curiosidad por lo que queda por saber.

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  2. ¡Que frase más bonita, Ana! La acuño.

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