¿Estamos cansados?

Los profesionales docentes hemos elegido una profesión que requiere un gran esfuerzo intelectual permanentemente. Trabajar con personas adultas, niños y adolescentes, exige una dosis elevada de energía en el desarrollo diario de la práctica educativa. La atención a la diversidad, consecuencia del fenómeno de la inmigración; el impacto de las TIC en la sociedad y en el mundo de la educación; la gestión de la convivencia, en grupos multiétnicos y multiculturales; en suma, la adaptación a las actuales exigencias demandadas por la sociedad al sistema educativo, son algunas de las realidades que debemos afrontar en nuestro trabajo diario.

 

Pero eso no es todo. La sociedad de la información y del conocimiento en la que nos encontramos confía y espera de la escuela soluciones a los drásticos cambios económicos y sociales que se producen en élla. Así, en la hoy denominada Escuela 2.0, se espera de los profesionales docentes un cambio brusco en su forma de trabajar, en la metodología a utilizar en su acción laboral diaria, en su misión facilitadora más que instructiva, en la actualización de sus competenciasaaa22 profesionales y sociales.Si los datos anteriores son fiables, podemos aseverar, sin temor a equivocarnos, que nos encontramos ante una generación de directivos cansados. Muchos de los directivos que yo conozco achacan tal situación al exceso de trabajo, a la falta de tiempo para descansar o hacer deporte.

Por otro lado, la realidad social en la que vivimos sitúa a los docentes frente al deterioro de su imagen pública fruto, posiblemente, de la degradación progresiva de algunos valores fundamentales como el respeto o el reconocimiento de su autoridad en el ejercicio profesional. Sin pecar de corporativista, me permito, a través de estas líneas, demandar con determinación a quien corresponda –probablemente, en gran media, a las administraciones educativas- un gesto claro y contundente de apoyo y reconocimiento a la labor del conjunto de los profesionales docentes sobre los que recae la misión de formar a los jóvenes de hoy que regirán los destinos de esta región, de este país, mañana.

 

DECROLY Digital ha publicado muchos artículos relacionados con el nuevo perfil de alumnos que acuden a nuestras aulas hoy en día. Nosotros, en DECROLY, atendemos a un colectivo de estudiantes extranjeros de 12 nacionalidades, que representan el 15% del conjunto de alumnos matriculados. Si, has leído bien. Son alumnos de 12 nacionalidades que comparten con el colectivo de otros cántabros y españoles con los que conviven, se relacionan, trabajan juntos, cada día.

 

Los estudiantes de hoy se diferencian de aquellos otros de hace 20 años en muchas cosas influidos, posiblemente, por el impacto de Internet, de las redes sociales, de la abundante información que les desborda, en no pocas ocasiones. Nuestros estudiantes de hoy se encuentran como peces en el agua en Internet, donde comparten y se enriquecen, sea a través de Facebook, Twitter, blogs, chats, buscadores tipo Google, etc. Consecuencia de todo ello, la mayor parte de nuestros jóvenes destacan por su facilidad para interactuar y comunicarse. En ese sentido, muchos de nuestros estudiantes son activos y no les da miedo el cambio. Más bien, por el contrario, muestran una motivación especial por estar a la última moda.

 

La innovación y la creatividad se han incorporado en los centros educativos. Los profesores deben coger ese tren para abordar los desafíos que demanda la sociedad actual. En fin, las funciones profesionales de los docentes se amplían progresivamente hacia el infinito …… Si, si. Ya sé que es una exageración, pero con élla quiero plasmar una situación de facto que nos tiene un tanto desbordados. Se necesitan más medios y más apoyo. En ese debate, es responsabilidad de la administración educativa, y de la sociedad civil que la sustenta, afrontar con determinación una ayuda cualitativa a la escuela en forma de recursos humanos y materiales. También, es imprescindible, en mi opinión, establecer mecanismos de evaluación, de reconocimiento y de dignificación de la profesión docente.

 

bbb16La sucinta descripción anterior pretende situar a los lectores de este artículo en el contexto en que trabajamos los profesionales docentes en la escuela de hoy, del año 2010 que vamos a encarar en las próximas semanas. La realidad es que junto al entusiasmo generalizado del profesorado convive el estrés y el desánimo; la indiferencia, a veces y el cansancio. Hace unos días leí un informe del Observatorio del Comportamiento Humano de la Empresa (OCHE) que aportaba unos datos preocupantes, referidos a los directivos españoles. Afirmaba que el 50% de los esos profesionales necesitan el fin de semana para recuperarse del cansancio semanal. El 32% manifiesta tener una situación de cansancio permanente y el 42% reconoce que el estrés es una constante en su vida profesional.

 

Y los profesionales docentes, ¿qué? ¿Estamos cansados? El cansancio afecta al rendimiento. ¿Cuales son los síntomas del cansancio? “Los profesionales cansados son menos creativos, gestionan peor los problemas, se quejan más, soportan mal la tensión, tienden a exagerar las respuestas ante los conflictos, trasladan su malestar al equipo, descuidan aspectos claves de su trabajo, deterioran sus relaciones familiares y, en consecuencia, son una bomba de relojería a medio plazo para la organización”.

 

Peter Drucker decía que la función básica de un directivo es preparar la empresa para el futuro. Esa tarea exige altas dosis de energía disponible. Cogiendo el toro por los cuernos y “aplicándome la medicina” debo reconocer que mi reciente vida profesional está repleta de “luces y sombras”. Al entusiasmo frente a los retos y desafíos que nos demanda el sistema educativo y la sociedad actual, se contrapone, en no pocas ocasiones, un sentimiento de incomprensión por aquellos más allegados, un cansancio, una falta de energía que me desestabiliza emocionalmente. ccc11

El cansancio y la auto compadecencia no los presento yo como una prueba de responsabilidad y compromiso con la empresa, en mi caso. Por el contrario, ese sentimiento reflejaría una cierta dosis de debilidad que, tratado inteligentemente, demandaría hacer los cambios necesarios en la organización para evitar que se produzca un deterioro de la situación. Si al final del camino llegara a la conclusión de que las exigencias de mi puesto de trabajo no me permiten mantener un equilibrio racional que concilie mi vida personal y profesional, será un acto de responsabilidad reflexionar sobre la conveniencia de mantenerme en el puesto o marcharme e iniciar una nueva vida, al margen de los avatares diarios exigidos por la empresa.

 


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