No hay que andarse por las ramas

La vicepresidenta del Gobierno y los ministros de Economía, Hacienda y Trabajo se esfuerzan en explicar a todos los ciudadanos españoles el estado de situación del país y las medidas económicas extraordinarias y temporales adoptadas el pasado 30 de diciembre

 

El ajuste “proporcionado y temporal”, según palabras del ministro de Hacienda y Administraciones Públicas Cristóbal Montoro, aprobado en el segundo Consejo de1-fjm Ministros del Gobierno de Mariano Rajoy, el pasado viernes día 30, ha sido calificado por analistas políticos de todo signo y color de “incomparable” con el recorte comprometido por otros países de la Unión Europea (UE) como Irlanda, Grecia, Portugal o Italia urgidos por su déficit desorbitado. Ello no es óbice para que la oposición política, y muchos ciudadanos, se hayan sentido defraudados por el incumplimiento del Gobierno del Partido Popular (PP) cuyo líder negaba, el mismo día de su investidura, la posibilidad de subir los impuestos.  

 

Algunos comentaristas nos recuerdan, por ejemplo, que el recorte de mayo de 2010, propiciado por el Gobierno socialista de Zapatero, para evitar el rescate financiero de España, tuvo un mayor calado recaudatorio. Pensemos que aquel ajuste se aplicó, básicamente, en las tributaciones indirectas, elevando el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) del 16% al 18%. Si es cierto, también, que la congelación de las pensiones contributivas y la reducción del salario de los funcionarios y empleados públicos en un 5% impactaron notablemente en la ciudadanía.

 

Sorprendentemente, las medidas adoptadas por el Gobierno actual han sido más duras con las rentas del capital cuyo tipo máximo pasa del 21% al 27%, frente al aumento del 19% al 21% establecido por el Ejecutivo anterior, en mayo de 2010. Parece que el mundo estuviera al revés, diría un castizo, al comprobar que el grueso de las medidas dictadas por este Gobierno de centro derecha parece estar inspirado en una filosofía de corte socialdemócrata, tradicionalmente reservada a los gobiernos de centro izquierda. Ese es el caso del recargo temporal de solidaridad, gravamen que afecta al Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y a las rentas de capital, optando por el principio de que pague más quien más tiene.

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Asumido ya que la dramática situación económica de España requiere de un plan de choque sin precedentes, el verdadero recorte lo veremos durante las próximas semanas, una vez completada toda la estructura de nombramientos del Gobierno y evaluada con mayor precisión, si cabe, la realidad de nuestra economía. Ya lo advirtió la vicepresidenta Sáenz de Santamaría en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del día 30: las medidas urgentes aprobadas son “el inicio del inicio”. ¡No tenemos más que revisar las actuaciones de los gobiernos de los países rescatados por la UE para vislumbrar lo que se nos avecina!

 

A día de hoy existen algunas evidencias que no admiten discusión. El déficit público  en España, previsto en un 6%, se sitúa en torno al 8% del Producto Interior Bruto (PIB), a 31 de diciembre de 2011 y debemos reducirlo hasta el 4,4% fijado por la UE, para el año 2012. Para alcanzar el objetivo del 4,4%, el recorte total en España superará los 36.000 millones de euros. Si las medidas urgentes, firmes, drásticas y contundentes adoptadas en el Consejo de Ministros del 30 de diciembre recortan el gasto público 8.900 millones y aumentan los impuestos en 6.200 millones, a través del denominado recargo temporal de solidaridad -15.100 millones de euros en total-, la subida de impuestos adicional y el recorte del gasto público deben encarar la nada desdeñable cantidad de unos 21.000 millones de euros.

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¡Ha llegado la hora de la verdad! Ahora, No hay que andarse por las ramas. ¡La situación obliga tomar decisiones!, y eso le corresponde al Gobierno. España, de acuerdo con sus socios europeos, ha de seguir la hoja de ruta comprometida; dolorosa, pero rigurosa y seria; imprescindible para equilibrar sus cuentas y crear puestos de trabajo. Salirse del guión tendría consecuencias irreparables. Esa realidad la veremos plasmada en un próximo plan de ajuste duro que culminará con la presentación de los nuevos Presupuestos Generales del Estado para 2012, en el próximo mes de marzo.

 

Sin embargo, una vez adoptadas las primeas medidas extraordinarias el pasado 30 de noviembre, procede introducir otras iniciativas que muestren caminos que orienten la salida del túnel oscuro en que nos encontramos. Ello sería el mensaje más optimista y nítido, en clave interna, para los parados y personas desfavorecidas y, mirando con el rabillo del ojo al exterior, para que las autoridades europeas reconozcan nuestra firme determinación por ser leales con la UE, a la vez que fiables y respetuosos con los compromisos adquiridos para contribuir a la causa común. A la vez, no hay que olvidarse de crear empleo. ¡Eso es tarea de los empresarios! Para ello, tanto el Gobierno como los agentes sociales deben crear unos y facilitar los otros las condiciones favorables, contundentes, para que ello suceda.

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Yo, personalmente, creo que el Gobierno de España ha de consolidar un estilo en el que prime, ahora más que nunca, la verdad, la eficiencia y la transparencia de la realidad ante todos los españoles. Por otro lado, España se debe, en la parte alícuota correspondiente, a sus socios de la UE. Nadie, en su sano juicio, se plantea salir del “club” que representa la UE. El cumplimiento de las obligaciones que conlleva la pertenencia es un signo de seriedad, rigor, lealtad y tributo con los fines comunes. Al Gobierno le toca establecer los mecanismos para lograrlo.

 

Hemos de “taponar el déficit”, una prioridad del Gobierno según el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas Cristóbal Montoro; reequilibrar las cuentas4-mariano-rajoy tanto de la Administración Central como de las comunidades autónomas y los ayuntamientos; y afrontar, con decisión y prontitud, las reformas estructurales anunciadas que no por dolorosas son menos necesarias. En mente de todos los españoles se encuentran las medidas fiscales de Mariano Rajoy, dadas a conocer durante la campaña electoral y en su discurso de investidura, a favor de los emprendedores y de la creación de empleo. Para salir de la crisis hemos de cumplir los criterios de déficit.

 

Sí, es cierto. Ello ha obligado, incumpliendo el compromiso adquirido durante la campaña electoral, reiterada en el discurso de investidura del presidente Rajoy, a subir los impuestos. ¡Vale! El Gobierno ha dado explicaciones y yo, personalmente, las acepto. Ahora bien, las medidas de choque, imprescindibles e inaplazables para revitalizar la creación de empleo no admiten demora alguna.

 

Aquí se la juega, señor Rajoy. El tiempo corre, ¿qué digo yo?, vuela. La anunciada ley de estabilidad financiera es una prioridad. También lo es -¡y muy urgente!- la reforma laboral tantas veces citada cuando el partido gobernante hoy se encontraba en la oposición, hasta hace solamente unas semanas. Sea valiente, señor Rajoy. Ya conoce la amargura de tomar medidas impopulares, hasta hace unos días rechazadas por usted y su partido. Es hora de actuar con determinación para reformar el mercado de trabajo estableciendo aquellas medidas que permitan sobrevivir a cientos de empresas y mantener miles de puestos de trabajo que se encuentran cuestionados en este momento. ¡Olvídese señor Presidente de las elecciones en Andalucía! No hay tiempo. Cinco millones de desempleados esperan, además, con ansiedad, las propuestas de este Gobierno para incorporarse al mundo laboral. ¡Las necesidades económicas deben primar hoy sobre las estrategias políticas!

 

Permítaseme, para concluir, unas valoraciones muy personales. Salvando las distancias, y siendo muy simplista, la economía del país es comparable con aquella de una familia común y corriente o de una pequeña empresa o autónomo. Si por una necesidad imperiosa es preciso gastar más dinero del que ingresa la unidad familiar, por ejemplo, acudimos a un préstamo de una entidad bancaria o –cada vez menos frecuente-, de un familiar o amigo. Lo mismo ocurre, si se tratara de una inversión –adquisición de una vivienda, por ejemplo-; comprar las primeras herramientas; dotar de equipamientos a la compañía o aportar unas instalaciones adecuadas para el pequeño negocio en ciernes.

 

Centrémonos en el gasto, por ejemplo. No es de recibo endeudarse sin límite. Como es natural, algún día los préstamos deben ser retornados con sus intereses correspondientes, incluidos. Pero, ¿hasta dónde puede endeudarse una familia o un profesional autónomo o pequeño empresario? ¿Cuál es el límite? Si encontramos la respuesta correcta y la trasladamos al Estado, Comunidad Autónoma o Municipio estoy seguro que habremos avanzado muy significativamente en la solución de los problemas que ahora atenazan a familias y administraciones públicas.

 

P.D. Estaba finalizando este post cuando recibí en mi cuenta de correo electrónico la respuesta a una pregunta formulada a una persona muy allegada, que 6-economia-familiar-ficha1trabaja en una entidad bancaria en el Reino Unido. En concreto, mi pregunta fue: ¿Cuál es el crédito que una entidad bancaria concede a un particular para adquirir una vivienda en ese país? Su respuesta ha sido:

 

Típicamente prestan CUATRO veces el salario bruto, máximo alcanzan CINCO. Esto depende de la clasificación crediticia del solicitante. Es decir, el banco hace comprobaciones independientes del crédito del cliente y verifica que no tiene impagados, por ejemplo, en otras entidades. El banco, también, hace una valorización de las posibilidades de pago mensual de ese cliente, y por lo tanto también toma en consideración otras obligaciones que pueda tener como dependientes a su cargo / hijos, tarjetas de crédito u otros préstamos, en cuyo caso deducen estas cantidades del préstamo avanzado. Suelen prestar del 70 al 75% del valor de la vivienda a comprar. El resto tiene que ponerlo como cuota de entrada la parte compradora.  En algunos casos excepcionales, el préstamo puede alcanzar el 90% del valor de la vivienda, pero el interés a cobrar sería bastante más alto que poniendo un depósito del 25-30%.”

 

Y concluyo, ahora sí, con una experiencia personal. En 1975 compré un piso por 1.175.000 pesetas de la época. Disponía de un ahorro de 75.000 pesetas y la entidad bancaria me concedía un crédito hipotecario de 600.000 pesetas a 12 años, con dos de carencia de amortización del capital. Yo trabajaba como maestro y daba clases particulares –típico de la época- para incrementar mis ingresos. Se lo comenté a mi madre y me animó diciéndome que encontraríamos las 500.000 pesetas necesarias para pagar el piso con la ayuda de la hipoteca. Pocos días más tarde, mi madre me propuso solicitar un préstamo personal avalado por mis padres y un familiar próximo, no sin antes analizar mi capacidad para devolver una y otra cantidades prestadas. A muchos de los lectores de mi generación les sonará esta “música”. Afortunadamente, pasaron los años y yo pude devolver ambos préstamos, en su totalidad. ¡Final feliz!

 

Moraleja: ¡Endéudate hasta un límite que seas capaz de devolver!

Un comentario

  1. Lo que está claro es que si los gastos son superiores a los ingresos acabas endeudado, eso no hace falta ser ningún lumbrera para saberlo, pero claro, hay mucho inconsciente por el mundo y mucho fantasma que le gusta vivir por encima de sus posibilidades solamente porque el mundo vea que tiene un nivel de vida (aunque sea falso).

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