No tenéis razón

La huelga convocada por los sindicatos de la enseñanza pública madrileña para los días 20, 21 y 22 de setiembre obedece a intereses sectoriales indefendibles

 

Pocos ciudadanos de este país permanecerán aún en la creencia de que en España “todo va bien”, cuando la realidad del desempleo nos acerca a los cinco millones de parados. Por el contrario, existe una sensación generalizada de que nos encontramos en un una situación de impasse, que lejos de acometer con determinación las1-fjm medidas necesarias para afrontar los graves problemas económicos y sociales que nos embargan salvo, ocasionalmente, aquellos de competencia exclusivamente autonómica, nos encontramos en un compás de espera hasta que se celebren las próximas elecciones generales el 20 de noviembre próximo.

 

Recurrir a la huelga para defender las particulares posiciones de quienes la promueven implica un reconocimiento de frustración ante el fracaso de unas reivindicaciones defendidas con toda la fuerza que la razón proporciona a los seres inteligentes. ¿Ha existido un diálogo serio entre las partes? Parece que el fracaso de una reclamación no atendida se solucionara con la razón que proporciona el uso de la fuerza (huelga). Sinceramente, no comparto esa decisión. ¿Cuál es la causa verdadera que origina esta decisión de acudir a la huelga los profesores de enseñanza pública de Madrid? Desde luego yo tengo claro cuales NO son las causas.

 

Según  los datos que se filtran a través de los medios de comunicación, la inquietud inicial del profesorado de la enseñanza pública en Madrid, y en otras comunidades autónomas como Navarra, Galicia o Castilla – La Mancha, se produce como consecuencia de una SUPUESTA ampliación de su jornada lectiva (con alumnos),  una hora en Navarra y dos horas en Madrid, Galicia y Castilla – La Mancha, en Educación Secundaria. Esa circunstancia acarrearía, según los convocantes de la huelga, un significativo deterioro de la calidad del servicio educativo.

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Pero la realidad es muy tozuda y desenmascara fácilmente a quienes tergiversan la verdad o, simplemente, mienten como bellacos. ¡No existe tal incremento de jornada! Lo cierto es que cada centro público, en Madrid y en el resto de España, dispone de una plantilla de profesionales docentes acorde con el número de unidades en funcionamiento cada curso escolar. Esa plantilla de profesores, cuya jornada laboral se encuentra regulada por Ley, se encuentra a disposición del equipo directivo de cada centro. De tal manera que, respetando la jornada laboral de 37,5 horas semanales, el profesorado permanecerá en el centro 30 horas semanales, de las que un número entre 18 y 21 horas tendrán la consideración de lectivas. El resto de su jornada, 7,5 horas, serán de LIBRE DISPOSICIÓN del profesorado, sin obligatoriedad de asistencia a su centro de trabajo. Esas horas, ¿todos, muchos, pocos, algunos? las utilizan, generalmente en sus casas, para realizar funciones de preparación de clases, corrección de actividades y yo me atrevo a sugerir, dado los tiempos en que vivimos, atender a los alumnos en su blog,…

 

Me planteo algunos interrogantes. ¿Cuál es la ratio unidad/profesor en los centros de secundaria públicos? ¿Existe un organigrama, un cuadro de organización pedagógica en el que figure la jornada individual de cada profesional docente, explicitando sus actividades lectivas y complementarias? Dado que la organización2-interino pedagógica de cada instituto (IES), en el marco de la autonomía de cada centro, es competencia de sus órganos de gobierno, ¿Han notificado los directores a la consejería de Educación las materias que no pueden cubrir por falta de profesorado asignado a su centro? ¿En qué momento y por qué motivos se contrata a un interino? ¿Cuáles son los órganos unipersonales de los centros públicos que están afectados por normativa con una reducción de jornada lectiva o complementaria? ¿Reciben todos, un complemento retributivo?

 

Sinceramente, esta huelga no obedece a criterios profesionales. Tampoco parece que sea el momento más oportuno, desde el 3punto de vista social, paralizar el sistema educativo público durante tres días con las gravísimas consecuencias que ello acarreará a decenas de miles de familias. Por otro lado, las administraciones públicas responsables, que defienden los intereses de TODOS los ciudadanos, en contra de los sectarios propósitos de un colectivo PRIVILEGIADO si se le compara en seguridad en el empleo, jornada, salario y vacaciones con profesionales de formación equiparable de otros sectores y ¡no digamos! con sus homónimos de la enseñanza privada concertada, deben velar por proporcionar los servicios públicos con criterios de eficiencia, calidad y coste.

 

Por un instante, fijémonos en la enseñanza privada concertada. La jornada lectiva del profesorado es de 25 horas. Hasta hace muy poco tiempo, el único cargo unipersonal con retribución era el director. A día de hoy, los profesores de la concertada atienden adecuadamente las4-recortes-c-oncertada1 tutorías de alumnos y padres o tutores; uno de ellos se responsabiliza de la secretaría del centro; otros, unos pocos, se ocupan de las jefaturas de departamento y de equipos docentes y un número considerable dirige áreas de apoyo esenciales en una educación del siglo XXI como son las tecnologías de la información y de las comunicaciones (TIC), igualdad, multiculturalidad, proyectos europeos, calidad, apoyo, refuerzo, etc. En suma, unos profesionales que se esfuerzan cada día, con su vena vocacional hipermotivada, en favor de una enseñanza de calidad, cuando menos, si no más, comparable a la que proporcionan los profesionales docentes en los centros públicos. Por cierto, todas estas funciones se realizan en los centros concertados sin reconocimiento retributivo alguno.

 

Mi perplejidad como ciudadano ante esta huelga supera, con creces, cualquier estimación prevista. Desde el punto de vista profesional  5-esperanza-aguirrecarece de un soporte razonable y, en mi opinión, el pulso a la consejería de Educación y Empleo de la Comunidad  de Madrid sobrepasa los límites técnicos, profesionales y de optimización de recursos públicos para convertirse en una huelga de carácter político. Así, aprovechando que el Ebro pasa por Zaragoza,  los sectarios promotores de la misma desempolvan argumentos decimonónicos para combatir, por el camino, a la enseñanza privada concertada, saltándose “a la torera” el principio de libertad de enseñanza consagrado en la  Constitución Española de 1978 y en las leyes educativas posteriores. 

 

En este sentido, el argumento inadmisible de que las administraciones educativas benefician a la enseñanza privada concertada esgrimido por los sindicatos convocantes de la huelga en la enseñanza pública madrileña carece de rigor y de solvencia argumental y legal, salvo por su trasnochada lucha por el monopolio y la exclusividad de la educación en entidades de titularidad pública. Los datos y cifras de todo tipo lo evidencian y avalan por su objetividad y contundencia. Si hay que hablar de coste del servicio educativo, de agravios comparativos en materia de derechos laborales o de calidad, hablamos; si de otro tipo de discriminaciones que sufremanuel-angel-castaneda la enseñanza concertada con respecto a la enseñanza pública, también. Me permito, a mayor abundamiento, incluir una cita de Manuel Ángel Castañeda en su artículo de opinión titulado Pasar página, pero previamente leerla, publicado en el diario Montañés el pasado domingo. “Si finalmente los profesores de la enseñanza pública llevan a cabo su huelga lograrán el efecto contrario de su propuesta: degradarán la calidad de la enseñanza mientras que la mayor parte de los docentes de la enseñanza concertada mantendrán su compromiso con los niños y con las familias. Es más, un paro prolongado en el sistema público de enseñanza podría ser enormemente dañino, en primer lugar para los alumnos y en segundo lugar para el modelo de enseñanza pública”. La realidad es tozuda y contundente y por ello, afortunadamente, la ciudadanía pone a cada cual en su sitio con sus decisiones. La Comunidad de Madrid es un buen ejemplo.

 

Para finalizar este post me permito citar una frase muy elocuente de Albert Einstein: “Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

 

Un comentario

  1. ¡buen artículo! muy clarito, me gustaría que lo leyera mucha gente y se diera cuenta de que no es todo como se lo pintan al ciudadano.

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